miércoles, 8 de noviembre de 2017

Cambios

A veces pienso que este blog es algo intenso o digamos que alejado de mi cotidianidad; hace poco un allegado me comentó que nadie que me conozca realmente creería que soy la que escribo o que mi "yo" de rutina está bastante lejos de esto.
En la vida real o la que está fuera de esta pantalla soy menos intensa y más ligada a los números y lo que se supone es tradicional en una mujer de treintaitantos; acabo de llegar de la odontóloga y todo el grupo que allí atiende me trata de señora y usted, cosa que realmente detesto, puede ser respeto en este país tropical donde pasados los veinte ya eres señora y pisando los cuarenta corresponde el "doñita" e incluso ser abuela; cosa con la evidentemente no me identifico y de hecho era algo que disfrutaba en España donde con treinta o cuarenta eres joven aún; de hecho aquí las mujeres comienzan a cobrar la pensión por vejez a los 55 años (ya me imagino los ojos como platos de quienes vivan en otros hemisferios) cuando en los países europeos cada vez se acerca más el momento de comenzar a cobrar este tipo de pensiones rondando los 70.
Me miro al espejo y cada día noto una manchita nueva en mi rostro, una línea de expresión que antes no estaba, celulitis que no cede ni con ejercicios ni con dietas y tantas canas que me estoy planteando seriamente abandonar el tinte 3.0 para pasarme a las mechas platino y disimular un poco el aluvión de años que me abono cuando me crece un centímetro de raíz.
Banalidades, sí, estúpidos problemas de primer mundo que no deberían rondar en mi cabeza cuando el 80% de la población en este país es miserable, cuando las caras demacradas y de resignación conducen a cuadros pasivo-agresivos de una sociedad decadente inundada de falta de moral, corrupción y burocracia.
De hecho una de las odontólogas le pedía el número del cirujano plástico de una paciente para ponerse tetas: quinientos dólares todo incluido a la tasa de cambio del día de la operación.... y es que si va a emigrar de este país tropical, necesitará algo más que el título de odontología apostillado.
En fin que me voy por las ramas como siempre; mi cuerpo se oxida, por no decir, envejece y mi cabeza creo que lo hace a un ritmo más acelerado.
Mi esposo está seguro que me acuesto con el portugués de la esquina, ojalá fuera cierto: yo que tuviera las agallas y el que fuera menos homosexual. Tristemente, queda en platonismo puro y duro.
Se me cruzan mil interrogantes entremezcladas con hastío.
Obstinación por lograr mis objetivos.
Cansancio por tantos reproches y rencores de su parte.
Defraudada porque cada día son más las decepciones.
... Y calma, la que inexplicablemente me entró cuando salió de tu boca "Al llegar a España nos divorciamos".
No voy a negar que me da miedo el cambio, pero siento que a estas alturas es irremediable

viernes, 3 de noviembre de 2017

Apuesta por el RnR

No, no te dije que sería fácil, ni que me entenderías siempre...
Soy ecléctica, por decirlo de un modo sofisticado, en todo, música, estudios, empleos, gustos, hombres, no se si porque me canso rápido de algunas cosas o porque me gusta experimentar en nuevos terrenos.
Lo cierto es que la entrada anterior versaba sobre el conflicto catalán enmascarado en medio de una música atormentada que marcó una década bastante decadente en España.
Afortunadamente llegaron los ochenta y con ellos un revivir de nueva gente, nuevos vicios y nuevos estilos supuestamente rompedores, entre ellos, el magnífico Bunbury y Héroes del Silencio.
Confieso que los descubrí tarde y los redescubrí en uno de los mejores y peores años de mi vida, el 2005.
Héroes del Silencio (más que Bunbury en solitario lo confieso) forma parte de mi "Sí o Sí" en cuanto a música que no me puede faltar, esa que se disfruta siempre como un vino en medio de una buena conversación o ese café que te da la chispa necesaria para iniciar el día.
Honestamente, pensé que éramos pocos los que escuchábamos a Héroes, Bunbury en solitario o Calamaro en este país tropical, para empezar porque los que quedábamos cada vez somos menos y seguiremos siendo pocos hasta que el bendito reguetón terminé de idiotizar a los que queden, en medio del perreo salvaje y las neuronas adormecidas a conveniencia de unos cuantos.
Cual no es mi sorpresa, que desde hará cosa de uno o dos meses, un vecino anónimo escucha Bunbury y toda la cuadra se ha enterado, evidentemente pocos saben qué grupo o cantante es, pero unos cuantos si lo reconocemos.
Me entra la curiosidad y hasta pondría un cartel de "Se Busca" porque definitivamente alguien con ese tipo de gustos hacia la música es digno de ser conocido al menos en el anonimato...
¿Quién escucha Bunbury a altas horas de la madrugada?

Creo que jamás lo sabré, pero en medio del desconocimiento, comparto cada nota musical, cada susurro decadente, cada nota melancólica.

En honor a ti, vecino anónimo, escuchemos juntos imaginariamente un género que existirá siempre, aunque en estas latitudes cada vez sea menos valorado, porque tu y yo, apostamos por el Rock and Roll...

martes, 31 de octubre de 2017

Si, pero no...

"Si, pero no, que no, que no
tu dices que me quieres, pero no, que no, que no
porque tu amor me hiere..."

Crecí entre música variopinta, por un lado mis padres con la pasión y el estruendo de Mocedades, Camilo Sesto, Raphael, Julio Iglesias, Rocío Jurado, Pimpinela, Rocio Durcal, Paloma San Basilio y como no, La Pantoja.
Así que por allá a mediados de los ochenta, no llegaba a los cinco años y me sabía de memoria letras que a ciencia cierta no entendía, pero si repetía cual lorito.
Un día escuché todo un disco de una señora llamada Lolita, años más tarde descubrí que era la hija de la gran Lola, y quedé prendada de su desgarro, típico de esa época donde se daba rienda suelta al mal de amor principalmente femenino.
¿Y a cuentas de qué todo esto?
En que con todo lo que está cayendo en España, vino a mi cabeza ese "Si, pero no..."

Y si señores, no pretendo aquí sentar cátedra, ni decir quién tiene la razón porque hay mucha tela que cortar en el tema; es como en esas relaciones de pareja donde las cosas marchan mal y una de las partes se quiere separar y la otra pues no, evidentemente no.
Existen razones de peso, digamos que la pareja no solo tiene un hijo, sino millones de hijos y la cuestión de la guardia y custodia, pensión y muchas otras formalidades nos atañen a todos, pero pienso ¿Es la manera de proceder? ¿Cerrando el diálogo? ¿Prohibiendo?
Precisamente las prohibiciones y negaciones del siglo pasado manchado de dictadura, evidencian las viejas heridas que nunca han sido sanadas realmente sino atajadas de forma superficial, como cuando en urgencias nos recetan un Paracetamol para despacharnos rápidamente sin atender a detalles.
Las partes deben ser escuchadas, se supone que la comunicación es la piedra angular de las democracias del milenio, esto evitaría que unos se aprovechen del rencor acumulado de muchos mientras otros tantos ignoran una realidad, como si volteando la vista el problema desapareciera.
¿Aplicando una norma desfasada se resolverá el conflicto?
Creo que con ello se estará dejando para después o para mejor nunca las ideas que han rondado en la cabeza de muchos.
No se yo, si apagando un fuego no se encenderán muchos otros más tarde, por eso, viene como anillo al dedo eso de:
"Me quieres si ¿Pero de qué manera? No comprendo tu amor, no lo comprendo"
"Me quieres si ¿Pero hasta dónde?