domingo, 29 de junio de 2008

Sin pretérito


El sabio puede sentarse en un hormiguero, pero sólo el necio se queda sentado en él.
Proverbio chino

Ella tiene la piel del color de la tierra, cabello sedoso mar oscuro, cara de muñeca suiza y cuerpo de pantera dueña de sí y sus movimientos de andar felino.
Llegó a mi cuando menos la esperaba, había tomado demasiado esa noche.
Abro los ojos. Me mira, cuida celosamente que me mantenga en perfecto estado. Sus gestos son algo agresivos.
Descifro unos ojos llenos de mi reflejo, pues al traspasar sus pupilas, no tienen un fondo expresivo, sencillamente, ojos color avellana, que pertenecen a lo que debe ser mi cara.
Lo sé, no estoy totalmente consciente.
¿Cómo he llegado a la habitación de una ninfa de ensueños?
Su silencio me absorbe; no tolero la seguridad de esos ojos; desviaré la mirada, solo un poco; no reconozco el lugar, y por la oscuridad debe ser aún de noche. Mis extremidades, las siento poco, y el corazón rebota desacompasado, como queriendo escapar. Los pensamientos brotan incansables, pero soy incapaz de gesticular palabras. ¿Y si es un ángel? Una bella dama debe serlo y más aún por rescatar a un borracho como yo del bar de Blas.
Pero quien la viera, parece ser tímida, porque no me habla, pero si que puedo sentirla, sus manos son suaves, dedos finos, largos ¿Será la masajista que tantas veces ha prometido Marcos y que nunca termina de traer?
Exquisito el olor de jazmines, brota de su cuerpo, irreprimibles mis deseos. No estaré precisamente en mis cabales, pero siento que esta mujer es perfecta, debe ser una necesidad onírica.
Ahora es la prima de Genaro, esa tonta que me persigue siempre para jugar al futbolín, probablemente echó algo en la bebida y me ha traído a rastras hasta su habitación; que espere sentada, porque cuando salga de mi letargo, le diré que es una loca.
Por fin, está amaneciendo, sí mi hada hermosa, iré contigo a donde tu desees.
Me ha tomado de la mano ¿Será que saldremos de su casa a tomarnos un café?.
Pero si esta chica además de todo, vive al lado de un hermoso jardín, es que me mudo con ella hoy mismo si es posible.
¿Cuándo despertaré del sueño?
Que mesa más bonita, desayunaremos juntos, hasta me ha traido el periódico.
Los muchachos del bar han ido demasiado lejos con la broma.
Que aparezca mi nombre y apellido en los obituarios es absurdo ¿Cuánto habrán pagado por colocar algo tan macabro en el periódico?
Mi ninfa sonríe picaronamente.
Y por fin escucho su voz, es tan tierna, tan melodiosa, que no combina con las palabras pronunciadas.
- Lo mas difícil es hacer que un borracho embuido en una resaca de terquedad moral, asimile su nuevo estado. Dime, ¿Es qué tengo que llevarte al cementerio para que veas tu propio entierro? Yo no sé por qué alguien con la potestad que poseo, tenga que disfrazarse de “chica perfecta”.

Me reí en su cara, es la mejor actriz que he visto en mi vida.
Más y mejores historias en Cuentacuentos

miércoles, 25 de junio de 2008

Cuestión de relatividad

Un reloj de arena vacio, ¿sirve? Depende ¿De qué? De para que lo quieras, claro
Un libro sin letras ¿sirve? Depende ¿de qué? De para que lo quieras, claro
Un escritorio sin patas ¿sirve? Depende ¿de qué? De para que lo quieras, claro
Un televisor sin imágenes, ¿sirve? Depende ¿De qué? De para que lo quieras, claro
Un bolígrafo sin tinta ¿sirve? Depende ¿de qué? De para que lo quieras, claro
Basta. ¿No tienes otra respuesta? Depende ¿De qué? De lo que quieras escuchar, claro
A veces, no te soporto ¿Lo sabes verdad? Lo se, yo tampoco a ti, pero igual vienes a hacerme preguntas tontas
¿Y si no vengo más?, No escucharás un depende repetido tantas veces como preguntas me hagas
Lo que más me molesta, es que no puedo evitar venir. Entonces ven, aquí voy a estar
Y si te pago ¿sirve? Depende ¿De qué? Del dinero que me des, claro
Y si te mato ¿sirve? Depende ¿de qué? Del silencio que seas capaz de soportar a partir de entonces, claro

Cuatro ojos se cerraron en ese momento, el ruido seco duplicado, fue del sonido lo que quedó.
Sangre fría, de ambos lados. Del que preguntaba; del que a partir de entonces no podrá responder.
Pasado un tiempo, el noticiero daba el reporte: En horas de la tarde, alumno asesinó a profesor para luego suicidarse. Como nota explicativa, dejó abierto su cuaderno con apuntes de filosofía: “No soporto sus relativos, si el se mueve, me contesta, su mente no está condicionada por nada, es absoluta, por lo tanto absoluta es la maldita palabra depende que desprende de su boca irónica cada vez que me responde a cada una de las quince mil preguntas que tengo en este cuaderno y que le he formulado desde que empezaron las clases. Como el movimiento si es relativo, prefiero matarlo, matarme, para demostrarle en su último acto de consciencia que cada cosa es relativa, pero contiene en sí lo absoluto, por lo tanto ha estado equivocado; absolutamente, le demostraré que el depende no podrá usarlo más”.
Como conclusión de la locutora, sin mucho más que añadir, porque lo que le provocaba era reírse nerviosamente ante la insólita justificación del asesinato; solo expresó ante las cámaras a su compañero de programa: La verdad es que la filosofía, enloquece, ¿Para qué ponernos a pensar tanto en juegos de palabras sin sentido?
Del otro lado de uno de los televisores sintonizados para escuchar la funesta noticia, el brillo centelleante en la mirada de otro estudiante de filosofía, mientras veía a su hermana mayor:
¿Rosa, tu crees que la verdad existe realmente? Depende… casi no la escuchaba, pronto sería callada su relatividad.

Cambio de definición

... A ellas, los personajes preferidos en todos los cuentos de mi infancia

Strawberries, cherries and an angel's kiss in spring My summer wine is really made from all these things…sonaba el timbre del blackberry con la aterciopelada voz de una de las The Corss, y ya Serenity se lanzaba a contestar:
-Si buenas?
- Amiga, tenemos que vernos, te tengo que poner al día, hace más de doscientos cincuenta ya…
Serenity pensaba ¿De dónde esa voz?... con ese acento
- Ya va, eres?
- Cónchale niña, ¿Ya no te acuerdas de mi?, claro, perdona Maléfica, obviamente con esta voz no me reconoces
- Shhhh, ni pronuncies ese nombre, hace trescientos que pasó de moda, por Dios, en esta época ese horrible apodo no lo uso, solo dos de por aquellos años sabían ese nombre, Ursula y Reina, cuál de las dos?
- Ursula, pero igual, tampoco lo uso; mira, te llamaba para tomarnos un café, ya le avisé a Reina, y estará aquí en cuestión de minutos, te apuntas?
- ¿Dónde será?
- Café Le Bouquet du Nord, 85 Maubeuge, París
- Muy bien, estaré en unos momentos, espera ¿Por quién pregunto?
- Avril, pero de allí nos iremos a mi suite, porque me convertí en una chica un poquito popular.
- Perfecto, Avril, es bonito, a ver como estás ahora, nos vemos en un rato

Serenity, elegió un traje primaveral para ir a tono con el nombre su amiga. Esta chica de unos veinticinco años, blanca, con sus cabellos rojizos, largos y algo rizados, sus chispeantes ojos dulce miel aderezados por unas espesas y largas pestañas dignas de comercial, era una mujer dulce, maestra de preescolar en una escuela pública de Irlanda y su nombre, iba perfecto, porque mantenía su aire sereno aún en las situaciones más incómodas; adoptó esa posición desde que ella, junto a su grupo de amigas de la universidad, fueron embaucadas por los sueños maltrechos de escritores con mentes podridas y enfermizas, y aceptaron el papel después del casting que supuestamente las dignificaría; en lugar de eso, las benditas historias creadas, terminaron de aplastarles la identidad verdadera.
Cerró sus ojos, colocó su dedo índice en la punta de sus labios tersos y llenos, y de Irlanda, pasó a París, a la dirección mencionada por su amiga, agradeció su poder mental, y la reconoció a pesar de la imagen adolescente, esos cabellos rubios y su imagen de niña fatal con toque de inocencia. Con quién si tuvo que hacer un esfuerzo fue con la otrora Reina, ahora lucía el mismo cabello negro, y su aspecto era de alguien un poco mayor que Avril, se veía con un carácter más fuerte, una mujer decidida.
Las tres se vieron y se reconocieron a pesar de la imagen exterior, y decidieron irse a la suite de Avril.

- Están bellísimas, para los cánones actuales- expresó Serenity
- Sí, tu también, un poco modosita, aunque siempre de las tres, has sido la más asentada.
- Bueno Avril y esta reunión a qué se debe? – Preguntó Demi, a la par que encendía un cigarrillo - mi esposo Ashton, me espera dentro un rato para que analicemos el guión de una nueva película donde actuaremos juntos.
- O sea, ¿Ahora actriz?
- Si, después de la tontería de los siete enanitos y la bulímica de Blancanieves, decidí para estos noventa años, ser actriz, pero con un matiz un poco distinto. Esa idiota, en vez de aceptar la manzana brillante, rica en vitaminas, y hacer el trato de hacerse la muerta un par de semanas, para luego enviarla a lo que ahora seria un Spa a las islas Fiji, a no, prefirió a esa parranda de enanos borrachos y con aires de sindicato socialista, y esos toqueteos sutiles de un príncipe tieso y almidonado, que además, como hombre, la verdad, que a mi, ni cosquillas con él, tanto cuerpo, para luego ser inservible en la cama. Si la vieras ahora, terminó montando una fábrica de manzanas acarameladas – en honor, a su desgracia por no haber aceptado la mía- y la llaman la Jefa Globo, porque engorda y adelgaza de tanto en tanto; ya le envié una tarjetita con un cirujano para que se termine haciendo un bypass gástrico y un buen psiquiatra para que se deje esas tonterías con la comida.
- Waoooo, me dejas, fría, jajaja, la Jefa Globo, esto si es ponernos al día, y tú Avril, que haces ahora?
- Bueno, decidí salirme del mar, eso de Ursula, la verdad, con esa piel grisácea, esos kilos de más y esa mirada aterrorizante, no, y por encima, esa voz horrenda, masculinizada, por eso Ariel, la tontorrona, aceptó el trueque con su voz; injusto para mí, porque al final, la verdad que ahora soy más famosa como cantante, y me gusta más esta imagen de rockquerita canadiense. Además Ariel, al final dejó al muñecote y se fue con Sebastian a Miami, allí montó una franquicia de Playboy, y a la otrora sirenita, ahora la llaman Conejita -zorrita para nuestros bajos fondos- engatusa a los viejos millonarios de esas tierras, a cambio de secretos de la eterna juventud venidos del océano Pacífico.
- Y tú Serenity? ¿Por qué ahora de maestrita de niños, en vez de ser famosa? tienes el poder para hacer lo que desees
- Precisamente, desgraciadamente como Maléfica, al contrario de ustedes no me quedó un buen sabor de boca, Bella Durmiente, se convirtió en yonqui, después de hacerla dormir por mucho tiempo; en vez de aprender la lección, comenzó a comprar somníferos a la Mafia de los Cerditos, y desde allí ha pasado por todo tipo de sustancias unas más voladoras que otras; ahora está en una clínica, la visito todos los meses, no puedo soportar verla tan dependiente, por mi culpa.
- Por tu culpa no, por ella no saber controlar la situación, el problema de estas moscas muertas, de toda la vida, es que uno les da el poder de decidir, y eligen mal, eso no es culpa nuestra, por algo en la convención de dioses del año pasado, a las Brujas de todos los tiempos nos dieron el Premio a las más sabias del gremio.
- Lo bueno de esa reunión, fue la condena de los escritores de cuentos infantiles de siglos anteriores, ahora dedicados a escribir libros de autoayuda de castigo.
- Si, pero no les va tan mal, ahora, ganan millones; además que esas fantasías, están demodé, ahora los niños lo que quieren es el Nintedo Wii, el Ipod y demás chucherías tecnológicas.
- El caso es que para este ciclo, prefiero pasar por debajo de la mesa, y vivir tranquila en Irlanda, además tengo de vecino a un ser humano precioso, por dentro y por fuera, se llama Bono.
- Y ya te lo tiraste?
- Noooo, que palabra es esa???? Yo voy más con el Tantra y las meditaciones orientales, las infusiones aromáticas y menos de sustancias psicotrópicas.
- Si Serenity, es lo mejor para que pases la racha de Bella Durmiente.

Y así, con risas, y buenos recuerdos, concluía la reunión de esas amigas de todos los tiempos; acordaron eso sí, hacer una travesura, como en los viejos tiempos, Avril, buscaría al presidente de la Real Academia Española, para modificar ligeramente una definición; a cambio de un pequeño intercambio de fluidos, aceptaría la novedosa descripción:

Bruja (Quizá voz prerromana).
1.-f. Mujer que, desde tiempos sin memoria, es capaz de presentar dos opciones, siendo la decisión tomada por quien la solicitó.
2.-f. Mujer camaleónica, capaz de ser quien desee.
3.-f. Aquélla que está a la vuelta de la esquina, sin que te des cuenta, según la Biblia, fue denominada Eva.
4.-En los cuentos infantiles tradicionales, mujer fea y malvada, que tiene poderes mágicos y que, generalmente, puede volar montada en una escoba.
Al punto 4.- Fe de erratas, por error de impresión en los cuentos infantiles, los escritores, fueron demandados; ahora la bruja en cuestión negociará papel y respectivos honorarios con su representante, además de figurar en los papeles protagónicos. Se suprimió la palabra escoba, por teletransportación.

En mi vida me han llamado de muchas maneras


Me gusta amanecer en ti… ámame

Me gusta que seas parte de mi vida… ámame
En honor a Pecos Kanvas


En mi vida me han llamado de muchas maneras, debe ser porque muero con cada desafuero, con la estocada final, al último minuto y vuelvo a renacer reluciente o quizás algo húmedo dependiendo de la selección, con cada nuevo intento.
Carlos y Daniela se tocan, se acarician, ya puedo sentir el calor de sus cuerpos, la humedad de sus bocas, el ardor de las pieles que se entrelazan con cada caricia alentada por lo que tomaron hace poco. Animados, excitados, sudan, se rozan, se arañan, la piel se eriza, los vellos se levantan, las pupilas se dilatan, y comienza un musical jadeo, una sinfonía primorosa de respiraciones elevadas, entrecortadas, ahogadas, labios pronuncian palabras inentendibles, solo las saben ellos, en ese lenguaje único de una pareja en el momento en que se encuentran. Van rápido, no hay tiempo para medias tintas, no hay momento para parar, se apresuran, ya la ropa está fuera, ya las ganas están dentro, hay más lluvia de saliva dulce, entremezclada con ese sabor de la piel de perfectos desconocidos en perfecta sintonía aunque sea por un par de horas.
Ya siento a Carlos, vaya muchacho, estamos unidos; Daniela, con su piel tan húmeda y caliente, ella por fuera, él por dentro, yo en medio, me muevo con ambos, me excito con esos fluidos entremezclados, con ese entrar y salir, puedo verlos como ellos no lo hacen; los latidos de él, la furia intempestiva de su embestida, una y otra vez, a la par de las contracciones insinuantes de ella. Sí, lo dicho, una sinfonía de más de cinco sentidos, van a morir ahogados, van a estallar juntos, ya el ritmo cardíaco llegó al tope, llegaron juntos, murieron un rato, volvieron a nacer, están calmados, quizás no se vuelvan a ver.
Morí yo, eso sí, Carlos, como Marcos, como Pedro, como Ricardo, como cualquiera, se levantó al baño y me echó a la papelera.
Cumplí mi cometido… Algunas veces no lo he hecho y para los verdaderos protagonistas he generado vida, he generado muerte.
Soy un mal necesario, para una práctica básica, exxxquisita, sin consecuencias.
Me han llamado globito, me han usado hasta como decorativo en fiestas no tan infantiles.
Sea quien sea, condón, preservativo, gorrito, protector o casco… ÚSAME, siempre hay un día después de mañana.

Quedan tres minutos y medio...

Quedan tres minutos y medio para ahogar el silencio… dos y medio… uno… falta pocooo, siiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii, por fin, el timbre del recreo!!!
Pedro, Martita y yo –Andresito-, todos los días, esperamos a que llegue esta hora, para salir, a correr, a jugar; venga ya, al escondite, a sentirnos libres; podemos gritar, saltar y por supuesto hacer travesuras.
Menuda la cara del Sr. Julián, cuando le quitamos sus lentes y dada la poca visión, comenzó a caminar medio torpe, tropezando con una piedra, y gritando – Bribones, a devolverme los lentes!!! . O cuando, dábamos sustos a Carmela, la gordota que finalmente nos consentía y aceptaba nuestras bromas con una gran sonrisa llena de color rojo granate y esos cachetes como manzanas acarameladas, ummm, las manzanas acarameladas, me encantan, como la torta de chocolate, los caramelos y todas las chuches.
Una vez, nos vestimos de piratas. Pedro, por delgado, era el Capitán Cocoverde, y Martita, la más linda de todas, la princesa Pipita, yo, era el malo ese día, Mujaja, el que tenía prisionera a la bella damisela; si Cocoverde llegaba a Isla de Lápices en menos de quince minutos, debía darle a Pipita, sino, yo sería su amo y señor por los tiempos de los tiempos; a menos que, claro está, me entregara el botín de pasteles de jengibre, bastones de caramelo, bombones de chocolate, mazapanes y turrones.
En el fondo, adoraba a Martita, era el amor de mi vida –lo cuál a los ocho años es mucho decir- y quería estar con ella el mayor tiempo posible, por eso acepté ser Mujaja. Soñaba con ella, y con ese beso en el cachete con olor a margaritas que me hizo sonrojar, aunque jamás le dijera a Pedro que esa niña me gustaba; si lo hacía, dejaría de jugar conmigo, porque el me decía que las niñas solo servían para jugar a las muñecas y estorbar de cuando en cuando con sus “estoy cansada de tanto caminar”, o sus comentarios odiosos como “huelen a sudor y lo único que saben es jugar a los carros y a las batallas”.
Para Pedro, Martita, era un estorbo -mejor sería si fuera niño- pero para mí, era hermosa, con su olor dulce siempre, y su ropita tan suave, y esas manitas siempre limpias, a veces me daba pena las mías, llenas de mugre, y con las uñas a medio comer.
Hoy jugamos al escondite, y ganó Marcos, el nuevo que ya se cree jefe de la pandilla, y eso que apenas llegó la semana pasada; tiene la cabeza rapada, y es grandulón, se hace llamar, el Calvete, y su carácter huraño, le hace parecer mayor.
Quedan tres minutos y medio para rescatar el silencio, el timbre de nuevo, lo hace renacer, como todos los días, y volvemos a quedarnos quietecitos, aburridos, mirándonos, haciendo la tarea, pero sin hablar. El maestro, ha prohibido emitir palabra alguna, y su cara tan seria, impide desafiar el mandato, nos ha dicho que si rompemos el silencio, nos llevarán con los Zaparates, quienes hacen a los niños sentir el miedo de verdad.
Sin embargo, a pesar del silencio, hoy es un día bonito para mí.
Hoy me visita mi mamita, no entiendo por qué siempre que viene a verme, termina llorando, debe ser porque cree que me portaré mal y el maestro me mandará con los bichines esos; pero no, soy el mejor de la clase, me lo ha dicho Él, y me ha prometido, que si sigo así, algún día me permitirá salir de aquí y visitarla, pero un ratito solo.
Mamita, te amo, y aquí me cuidan bien, no llores, te prometo que haré silencio, para poder verte pronto y darte mil besos y abrazos, me encanta verte, pero necesito que me acurruques como solo tú sabes haces hacerlo.
Ya se fue, pero hoy, además de las flores, me dejó una chupeta de mil sabores, estoy feliz, esa es una de mis chuches preferidas.

Cuando al día siguiente subí a cubierta

Cuando al día siguiente subí a cubierta, el aspecto de la isla había cambiado por completo, el día anterior, arenas blancas, agua cristalina, peces de colores, y esas conchas de caracoles que tanto me gustaba coleccionar de niño.
Habíamos comido sobre hojas de palmeras, a la orilla de la playa, para absorber a través de nuestros poros, de nuestro olfato, esa brisa marina, el sabor de la sal, el agradable momento aderezado con cocteles de frutas tropicales. Sentíamos una algarabía, decidimos cantar al son de las palmas, el sol comenzaba a caer, y emocionados, como niños, bailábamos, corríamos, hicimos entre risas, la apuesta más apetecible del momento: el que se equivocara, con el trabalenguas, debía quitarse una pieza de la poca ropa que cargábamos debido al exceso de calor y adrenalina.
Comenzamos con “los tres tristes tigres, comen trigo en un trigal”, pero, a medida que avanzaba el juego, ya Julia, estaba prácticamente desnuda, por el singular siseo entre risas nerviosas, tres tistres tigres… y tras una pausa, con cara de olvido, terminó agradablemente, comen pescado en altamar, me reí, por la tonta combinación de palabras, y decidimos quitarnos lo poco que nos quedaba de los atuendos playeros, para lanzarnos al mar; en un par de horas, regresaríamos al yate anclado a pocos metros de la orilla.
Esa noche, fue irrepetible, olvidamos la vida de la ciudad, nos sentimos dueños del mundo, jugamos a ser dioses, en ese lugar paradisíaco.
De madrugada, yacíamos placenteramente en el camarote principal; la alfombra, mullida, recibió la copiosa vomitada de Julia, ésta provocó un cambio en esa tonalidad cremosa, para darle un aspecto multicolor, entre verdes, rojos y amarillos. Una cuarta parte de ese tejido suave que albergaba la resaca de nuestros excesos, lucía ahora esa tonalidad convergente, nauseabunda, fétida; yo, que estaba a su lado, percibí, la diferencia notoria, entre la exquisita comida del día anterior, con el producto licuado de sus jugos gástricos, y decidí colocarme, lejos de ella, antes que el olor penetrante, asqueroso, repugnante, provocara un terremoto estomacal, y sacara a flote el contenido de mi digestión, arrasando mi garganta con la acidez de mis entrañas. Poco a poco me di cuenta, que la euforia de la noche anterior, se traspolaba, a la resaca y malestar del día siguiente.
Serían las diez de la mañana, cuando la sed, me sacó de un sueño, no sueño, porque, la vigilia intermitente, de lucidez entremezclada con imágenes dantescas, me impidió despejar la borrachera por completo.
Al levantarme, un poco mareado, la alfombra estaba inmaculada, pensaba que una mancha como aquella, sería imposible de quitar. El ver series de televisión tampoco ayudaba mucho, pues mi imaginación, me hizo pensar, que después de haber pasado tan buenos momentos, ahora estaría muerto, o sería arrasado por extraterrestres, o cualquier otra idea macabra al estilo de dimensión desconocida, pero, respiré aliviado, al ver, que Julia, con unas ojeras que no había notado el día anterior y con el cabello algo desarreglado, se acercó a mi, susurrándome unas disculpas sinceras por haberse vomitado, explicándome que desde las seis estaba luchando contra esa mancha y el olor rancio, lográndolo, con muchas restregadas y algo de cloro y jabón.
Agradecí por la explicación práctica y sencilla, y acepté su café negro, caliente, justo lo que necesitaba para despejar, esa sombra que cargaba encima, por los excesos de la noche anterior.
Decidí ver que deparaba ese día, donde partiríamos de la isla, de ese sueño consciente, y, sí, había cambiado por completo.
El día nublado, la visión deprimente, después de tanta algarabía; las aguas, ayer cristalinas, hoy con esa tonalidad, oscura, algo opaca.
No, la verdad, es que la isla, permanecía igual, cambió mi visión.
Julia, ya no era la chica divertida, ocurrente, sensual, alocada; se había convertido, en esa compañera, que casi me vomitó encima, cuyas entrañas, tenían un color similar a poco atractivo –si es que existe esa tonalidad en la escala cromática-. Al terminar el café, sentí miedo, por lo que se aproximaba, por lo que me deparaba, después de esos días maravillosos, tocando el anillo que reposaba en mi anular, ví a Julia, y comprendí que el Sí, no lo había dado en la iglesia, tres días atrás, el Sí lo daba ahora, a esa mujer ojerosa, recién levantada.
Finalmente, la adoraba, por eso, decidí quedarme en mi isla, tuviera la visión que fuera de ella.

La historia que les voy a contar

La historia que les voy a contar tiene un principio -como todas -, pero aún no tiene un final, porque se despertó temprano –como siempre-, con un desayuno a medio hacer y todo un día de actividades, desde la oficina, hasta pasear su descontento por el parque cercano al sitio donde vivía.
Era cabizbajo, miope, torpe, sin capacidad para entablar una conversación, propia o ajena, con esos mechones de cabello blanco que denotaban algo de experiencia o sencillamente el paso del tiempo, sus camisas de colores claros, y esos zapatos viejos, pero siempre pulidos. Se caracterizaba por su timidez, la puntualidad de una sonrisa –brillante en mejores tiempos-, y sobretodo, por tener siempre un paragüas como bastón aún en los días de sol inclemente; llevábamos como compañeros de trabajo aproximadamente, diez años, siempre estaba allí desde que comencé a trabajar en esa empresa y de todos esos años, si había tomado vacaciones en una oportunidad mentiría. Para mi, como para todos, era un ser cotidiano como el periódico en la mañana, que no estorbaba pero tampoco daba pie a un interés profundo o intercambio de ideas.
Comenzó con una mirada, súbita, un asalto a su caminar lento, aquel día, hace un par de meses, no respondió a la sonrisa, ni a la oferta del café después de la caminata, solamente, una promesa: tomar el libro que le había dejado en el escritorio de su puesto de trabajo. Esa mañana, por error, llegó a mi escritorio un sobre para él, por curiosidad e irrespetando correo ajeno, abrí cuidadosamente el sobre, y me encontré con un libro y una nota impresa, corta, fría:
“Su mujer falleció hace dos días, creemos que este libro debía pertenecerle a usted, en los tiempos que aún venía a visitarla. Atentamente, personal de enfermería Hospital Clemente de Dios”.
Antes de entregar el sobre, con la funesta noticia, quedé asombrado, no sabía que tenía una esposa, y mucho menos que estaba enferma, y por curiosidad, llamé al hospital, solicitando información, me respondieron amablemente, indicándome que la mujer fallecida, había estado en coma desde hacia quince años, y que el único familiar que la había visitado era su esposo; como no había vuelto a visitarla desde hacia tres años, decidieron enviar el libro con la respectiva notificación a la dirección de su trabajo.
Informé que la noticia había sido recibida y agradecí torpemente, no sabía exactamente que decir, ante algo que ahora sabía, por curioso, por meterme en lo que no debía.
Me tocaba afrontar a mi compañero, el Sr. López, porque era tan lejano que ni siquiera sabía su nombre a pesar de verlo todos los días. Dejé el libro en su escritorio, pero no la nota, y me dije que al salir del trabajo lo seguiría. Así lo hice, pero su carácter seco, me propinó un silencio como respuesta ante mi invitación de café, cena, o cualquier acción que permitiera un acercamiento, para saber un poco más de su vida.
Al día siguiente, se acercó a mi escritorio con el libro en la mano, y con tristeza en los ojos, voz baja y un ligero temblor en las manos, me preguntó si podíamos bajar a tomar un café, le ofrecí una afirmación con mi cabeza, y me apresuré a salir, como iba detrás de él, noté que ese día, sus zapatos siempre lustrosos, no tenían el brillo de costumbre, y la camisa siempre bien planchada, tenía unas arrugas profundas, como su frente.
Al sentarnos en el café, se quitó sus lentes, y tras unas lágrimas, achacadas a sentimentalismos por la vejez que se aproximaba, me preguntó la razón por la cual aquel libro había dado a parar a su escritorio. Le contesté que si bien había cometido un error, por meterme en algo que no me correspondía, me asombró saber que nadie en la oficina supiera que tenía una esposa, y que por encima había fallecido.
- Sr. Carlos, usted, como todo el resto de la oficina, no tiene por qué saber nada sobre mi vida personal, que de hecho es inexistente.
- Sr. López
- Por favor, a estas alturas llámeme Joaquín.
Apenado, me di cuenta, que su nombre, era inexistente en mi memoria y agradecí mentalmente por traerlo a colación
- Joaquín, lamento mucho lo de su esposa. Supongo que no tiene hijos.
- No, ni hijos, ni familia, espero solamente, que llegue el momento de mi jubilación, para retirarme a un ancianato.
Hablaba, en ese momento con tanta claridad y certeza que no me atreví a increparlo con esperanzas vanas de hacer amistades nuevas, un viaje a alguna isla del Caribe, un cambio de imagen, ni mucho menos, buscar a alguien con quien compartir su vida. ¿Qué ofrecerle a alguien que parecía vivir con esa sombra llamada soledad, pero que a la vez tanta compañía aparentemente le brindaba?
- Podría saber a qué se dedica al salir de la oficina, ¿Cuáles son sus pasatiempos?
Una mueca que podría ser imitación de sonrisa, fue su única respuesta, se levantó, agradeciéndome por el libro, y me preguntó si en la tarde al salir de la oficina podría acompañarlo a caminar.
Al menos Joaquín abría en algo su vida para conocerlo un poco, esa tarde caminamos hasta entrada la noche, al llegar al portal de su casa, se despidió amablemente, pero sin ofrecerme subir. Pensé que ya era un avance que me permitiera acompañarlo, había tomado la decisión de acercarme a él.
En la mañana que siguió a aquella conversación, corta por demás, no llegó a trabajar, ni tarde, ni temprano; tampoco lo hizo al día siguiente. Preocupado por él, pedí su número telefónico al departamento de Recursos Humanos. Llamé, esos repiques sordos me indicaban que nadie se encontraba del otro lado de la línea, o por lo menos, había una negativa certera a atender ante el insistente sonido.
Al mediodía me acerqué al edificio, pregunté a la portera por el Sr. Joaquín López, indicándome que podía subir a su apartamento, ofreciéndome la llave del mismo; me explicó que Joaquín le había dado esas instrucciones hacia un par de días, disculpándose con prisa por un viaje inesperado a un pueblo cercano, para atender asuntos de negocios.
Subí, abrí la puerta, y era lo que me temía, Joaquín, yacía en su cama, con los ojos cerrados, vestido de negro, era como si estuviera listo, para asistir a su propio funeral.
No es necesario dar los detalles del médico forense, ni del entierro - sin dolientes -, solo yo, el curioso del escritorio de al lado, que abrió un sobre que no le correspondía.
Un par de semanas más tarde, el cartero de la oficina, me dejó otro sobre; todos allí, ni mencionaban a Joaquín, por supuesto, jamás lo conocieron realmente.
Al comenzar a leer, quedé atónito por el escrito, correspondía a Joaquín.
“Decidí que serias tú, sencillamente porque tu escritorio era el más próximo al mío, en esta oficina que compartimos por unos diez años. Solo esperé a que mi esposa muriera, para quitarme la vida, mi responsabilidad era respirar, mientras ella lo hiciera, vivir, alejado del mundo, como en una especie de autismo, similar a lo que ella debió haber experimentado en quince años de silencios, sin movimiento.
Obviamente, quería que alguien de aquí diera la noticia de mi muerte, para retirarme de esta vida no vida, la que se acabó, desde la noche en que llegué borracho por la celebración de mi cargo destacado como directivo en una empresa similar a ésta y la dejé en ese estado por la paliza que le propiné, sin explicaciones, sencillamente, porque perdí temporalmente la razón.
No hay justificativo, en el hospital hice simular con mi dinero y la ayuda de unos abogados, la causa de los moretones, un supuesto accidente en el vehículo familiar que obviamente choqué para que todo quedara perfecto.
No hay perdón, ni confesión que pudiera lograr liberarme de la culpa y el peso por lo que hice, para mi la cárcel no habría redimido mi pecado, preferí el mutismo, la ausencia, el no ser.
Gracias por el libro, yo mismo coloqué el sobre en tu escritorio, alguien debía saber la verdad.
Atentamente, Joaquín López. Mi verdadero nombre, no es necesario que lo conozcas, ese se me olvidó el día que prácticamente maté a mi esposa, y la condené a un silencio por el resto de lo que le quedó de vida”.
Desde ese día, no faltan flores en la tumba de quien fue la mujer de Joaquín, desde ese día, llego a mi hogar, y agradezco por la esposa que tengo, desde ese día, decidí dejarle la curiosidad a cualquier persona menos yo y sobretodo llevo esa carta siempre conmigo; para mi mente, la historia tiene final, la acción cometida, no.

Entre definiciones de él, ella... ustedes

A Coco

Una mirada, dos, tres, incontables, esta noche son varias, nos miramos con el cuerpo, con esa piel que llama despierta, que llama dormida, con esa sangre que nos hacía palpitar y que a la vez nos ata.
Solo una pared nos separa ahora, solo son pocos metros de tu roce con el mío, ahora una sonrisa, entrecortada, como la respiración que mezclamos y el sudor que compartimos.
Acabas de llegar y siento tus pasos, podría ser ciego y aún así reconocer cada vez que tus tacones recorren la entrada, y adivinar sin vista que te estás aproximando y que tras dar una mirada rápida, me darás un beso tenue, acompañado de un susurro hecho palabras: te quiero.
Y al te quiero, cuatro manos, veinte dedos, doy la vuelta eres tú, eras tú, serás tú, por más que intente, por más que invente, por más que engañe, estoy condenado a respirar por ti, aunque tu que eres mi aire, te vayas lejos.
Te veo desde arriba, como alguien sin nombre, pero que es capaz de adivinar cuanto te pasa, cuanto les pasa y recorro las líneas anteriores, tus puntos, tu desaliento, tus ganas de gritar que la amas, pero quedas silente por eso que llaman nexo, y te desespera que el susurro ahora sea vacío, ya no está, sus tacones recorren la entrada, y no te mira, pasa de largo, como si fueras un fantasma enterrado en su mente, lo que hace dos párrafos era un presente escondido, pero tangible, se fue a dar al pasado, mientras me paseo por tu historia, porque ya en vez de veinte dedos, quedan diez, y te miras de una u otra forma y tus manos llenas antes de su tibieza, solo son un conjunto de líneas, ramificaciones de piel, quisieras inerte, pero aún con vida.
Él no entiende, me cansé del susurro, el hastío del secreto, de las miradas rápidas para no hallar a nadie entre la sala y la cocina, de las lágrimas ahogadas en el baño, de abrir los ojos frente a mi pared, y saber que era solo un poco de cemento el que nos separaba, de no poder salir tomados de la mano, de tener siempre que esperar al alba para entrar en su cuarto, meterme en su cama, y ahogar gemidos, por temor a despertar a alguien, merezco palabras, no susurros, merezco gritos, no gemidos.
Y es lógico que ella diga punto, quisieras tu uno seguido, mejor una coma rápida para separarlos, no el aparte, muchos menos el final, buscaste sentir otra piel, para olvidarla, encontraste anestesia, con efectos secundarios, fueron veinte dedos, multiplicados por semanas de arrebatos en el colchón de la que tras ese magnetismo y carácter de fiera, te hiciera sentir la potencia del movimiento, la resistencia a la mismísima gravedad, porque podías flotar entre su vientre y volar en mil pedazos, pero solo por fracciones de segundo, luego, volvía el recuerdo, y otra vez en tu mente, y tenías al lado un cuerpo, una mirada interrogante, un por qué, sin respuesta de tu parte, solo eso que sentías, por quien no debías sentir, por la prohibida, por el pecado, por quien fuiste, eres y serás juzgado; decidiste negarte a la trampa del placer falso, y te refugiaste en la mejor definición de tu yo actual, la soledad.
Sí, desde que lo conocí, sentí esa atracción, no éramos niños, sino estrenados adultos, midiendo el terreno de la no intencionalidad, pero culposa al fin, arriesgamos a la acción hasta el punto de hacerme mujer, quise olvidar quienes éramos entre sus brazos, quise pensar en un futuro lejos de aquí, sin embargo esto que nos une, así nos arrancáramos a pedazos, nos ataría en esta vida, con o sin ojos que nos juzguen, ya nos bastamos nosotros para juzgarnos y sentirnos culpables por esto que sentimos. Me separaré de esta pared, de este pasillo, le dejaré los tacones que tanto aprecia, junto con el par de caricias silentes en la nevera, para que de a poco se enfríen hasta volverse heladas resacas de aquello que nos unió, será mi secreto, eso que han denominado amor y que creo haber sentido solo a su lado, será mi respuesta cada vez que piense en lo que vivimos, una definición de mi yo actual, prohibido.
Y así, dos cuerpos que atados, se unen, se separan, divagan en las sombras, ella, él, entregados tontos a lo que ellos mismos se critican, a eso que niegan por compartir un mismo código genético, no hay culpas, no hay terreno que demarque lo que es pecado en el sentir, se siente, sin coma, se siente, punto. Y cómo les planteo un futuro, cómo les construyo una esperanza, tendría que ser muy arriesgada, para plantear el final feliz, no es que juzgue, no soy esa tercera persona que escribe de ustedes, para regocijarme de lo que no serán, pero tampoco puedo desatar aquello que ya antes de que nacieran los unió, entienden que, tendrán incluso que desafiarme no a mi, tendrán que desafiarse cada mañana cuando se vayan lejos, cuando tras probar todos los cuerpos, se den cuenta que realmente sienten es cuando están juntos, pero que estando juntos, tiene más letras la palabra culpa que el concepto amor. Por eso queda aquí mi silencio al unísono de la definición para ustedes en este final, imposible.

PD: Dedicado a un ángel que apareció hace un tiempo en mi msn, un AMIGO como pocos y del cual hace algo que no sé, sin embargo a ti, por lo que vivías en aquel entonces, por esa historia de amor truncada...

El sótano de los sentimientos

Soy especialista en historias, hecho por el cual me asignaron por tarea, en la editorial donde ahora trabajo como Editora en Jefe, convocar al concurso anual de relatos de amor, y vaya que llegaron mensajes a mi correo, desde los más dulces y eróticos, hasta los más tristes y desconsoladores, pero este en especial, llamó mi atención, pensé que a mis cuarenta años, cuerpo de quince, carita de adolescente enamorada y mente de vieja ochentona, no había nada que hiciera estremecer mi piel, pero esto si que lo logró:

Pseudónimo: El escritor en Luna Menguante

Al abrir la puerta, y caminar dos pasos, estaba allí lo único que les quedaba, el destello de su olor en el corredor, y ese papel, donde anunciaba el punto y final de diez párrafos extensos de sus vidas, denominados años.

Andrés, disculpa si no comienzo esta carta con el adjetivo “Querido” como antesala a tu nombre, sabes que comenzamos con un tropiezo, yo me enamoré de tu mirada entrecortada, y de esa maldita indiferencia que me hizo caer en el juego denominado “mentira”, donde lo peor era que me engañaba a mi misma, buscado besos furtivos para llenar la resaca que dejabas en mi mente.
No se que te gustó de mi, si jamás fui tu tipo, ella sí.
Yo no te quería como juguete de satisfacción sexual, tú habrías dado todo en aquel momento, para que su cuerpo te perteneciera.
Tratabas de pintarme un mundo de colores, pero con costuras a los lados, que a veces se soltaban y me hacían sentir mil veces peor.
Tenía que aguantar que vieras a cuanta mujer pasaba por nuestro lado, alegando que los ojos estaban hechos para ver, tenía que aguantar, el sentirme poco deseada, y que siempre por cualquier razón, me hicieras creer que la fuente de tus rechazos era yo.
Tenías una doble vida, y a mí, manipulándome, haciéndome sentir que era la culpable de nuestros tropiezos.
Cuando por fin la conocí, entendí que yo era un absurdo espejo de lo que podrías haber vivido con ella, sin embargo seguimos, yo con mis lágrimas cuando no las veías, al sentirme una piltrafa, al bajarme la autoestima, de tal manera que me creía la peor de las mujeres, no se si era venganza doble, por no tenerla a ella y por sentirte frustrado a mi lado.
Te he llegado a conocer tanto.
Es momento que sepas, que la soledad es mala consejera, algo comenzó a cambiar dentro de mi, las lágrimas se secaron, mi actitud cambió y tú, mientras seguías creyendo que nadie me veía, más llamaba la atención, y él lo notó, se sentía vacío, igual que yo.
De hecho, hace una semana, tu amigo, me enseñó las fotos, donde estabas con una de tus compañeras, no tengo idea, cuantas veces te acostaste con otras, esos viajes de negocios, me los sabía de memoria, y fingías al llegar y lo notaba; me mentías, o creías hacerlo, ahora me doy cuenta que mi percepción jamás falló.
Y sé la causa de tu engaño, buscas en cada mujer ese amor que no te fue correspondido, pero lo siento, antes de entrar en el juego denominado “nos engañamos mutuamente”, me marcho, considero que ya pagué lo que tenía que pagar si es que tenía que haber pagado algo.
Te pido perdón, si ya no soporto tus besos falsos, tus caricias de papel, tu pensamiento hacia ella, tus miradas a las demás con el extra del sexo furtivo imaginándote que sería la imbécil que te creería siempre.
Te pido perdón, por querer ser una mujer realmente deseada y admirada, por intentar buscar de ahora en adelante y lejos de tu sombra, a la persona que se desviva por mi, sin criticarme, quien me devuelva las ilusiones, y sobre todo, las ganas de vivir, porque a tu lado, he estado muerta y decidí salirme de la tumba en la que estuve enterrada y en silencio.
Te pido perdón, por hacerte vivir diez años al lado de una mujer que trató de hacerte feliz, sin conseguirlo jamás.
Y si, siempre fuiste vengativo, pero creo que te equivocaste, no era yo, a quien tenías que pasarle las facturas.
Siente el perfume, un rato más, porque es lo único que te quedará de mi, las fotos, las cartas, mi ropa, nuestros detalles, puedes buscarlos en la cocina, observarás que todo lo que queda de ello, son cenizas.
Felicidades, por tu cumpleaños, en dos horas llegará el mejor de los regalos para ti, de mi parte, la busqué, sabes, desde que ví esas fotos, pensé cuán desdichado eras a mi lado, y sin tener precisamente yo la culpa, así que, decidí encontrarla, vive a quince minutos de lo que fue nuestro hogar hasta hoy.
Te dejo en la nevera tu vino preferido y compré sábanas de seda para que las estrenes esta noche, eres excelente en la cama, al menos para mi, así que no la defraudarás.

Gracias por los diez años de desdicha, aunque algunos oasis de felicidad surtieron efecto, pero sobre todo gracias, por darme lo que siempre te había pedido, tu entiendes a que me refiero, creo que yo también al final, logré tener lo que más quería de ti y al conseguirlo, es suficiente, no hace falta continuar con el cuento de supuestas hadas que nos escribimos mutuamente.

Te amaré siempre, ámame tú a mí, como se aman a los muertos, porque eso es lo que seré de ahora en adelante para ti.
Gracias también por volverme de piedra nuevamente, la palabra nunca será el sinónimo de llorar para mi diccionario en la vida.

Al leer su carta, las lágrimas que ya ella no derramaría, recorrieron sus mejilla, caminó a la cocina, y tragó el olor del fuego ya marchito, se tomó la botella de vino más todo lo que terminaba con la descripción etílico; no mentía, a las dos horas, sonó el timbre intensamente, media hora más o menos, ya totalmente ebrio, caminó hasta la sala y había una tarjeta a pocos centímetros de la puerta, decía el nombre de ella, quien lo había destruido en el pasado y por encima el poco rato de felicidad que había logrado; pautó una cita, sería doce horas más tarde, por fin se vería cara a cara con el pasado que había dejado en el sótano de su conciencia.
Con las ojeras a cuestas y sin afeitar, caminó esos quince minutos, que delimitaban el odio combinado con el deseo, la rabia con la desesperanza, tocó el timbre y finalmente allí estaba, con una bata azul transparente, sus tacones, y esa risa maligna que incitaba, era una diosa, tal como la había evocado tantas veces, ella por supuesto, lo había reconocido a pesar del tiempo, tras el saludo cordial de amigos distanciados, le brindó el mejor de los días para alguien seco por dentro, además de las caricias pagadas, conversaron largamente, su negocio era próspero, pero a leguas se notaba que tampoco era feliz.

Soy yo, quien escribe esta historia, ahora comprendo lo que significa amar, la única manera de darle un significado, es a través del nombre de las dos mujeres que me marcaron en la vida; la primera, cuyo cuerpo jamás tuve hasta ese día, y al tenerlo, me doy cuenta que supo a nada, la segunda, quien me dejó la carta, conjugó el amor y lo equilibró con nuestra libertad; de ahora en adelante soy libre, para poder esconderme en el laberinto de la nada.

Se que no es el mejor relato, pero fue hecho con lo que antes llamaba sentimientos,
Atentamente,
El escritor en Luna Menguante


Y así lectores de este relato, no hay mucho más que mencionar, obviamente no ganó el concurso, no porque no fuera intenso, sencillamente, porque no quise, de respuesta a su relato, estas simples palabras:

Re: Al escritor en Luna Menguante

No pienses ganar con un escrito que no te pertenece, ahora vives, en el infierno denominado vacío, al cual estuve yo condenada durante diez años a tu lado.

Atentamente, quien verdaderamente te amó,
La Editora en Jefe

Construcción del futuro con tus pisadas

Esta noche a las doce en punto, te acercarás despacio, tus pasos no se notarán por la alfombra mullida que todas las noches, amortigua tus pisadas y te hace siempre pasar inadvertido, como siempre, a la misma hora, la cama está caliente, mi cuerpo reposa desde hace dos horas, no me logro quedar dormida, las luces están apagadas, me acostumbré a ello a partir de los veinte, antes era pánico lo que me embargaba al sentir la oscuridad como única compañera, pero de un tiempo para acá, se ha convertido en la mejor aliada para mis horas de insomnio.
Llegarás cansado, la costumbre se está chupando de a sorbos el verbo sorprender o esperar con ansias, anda haciendo un cruel trueque con el verbo buscar y encontrar; aunque no lo reconozcas y te hagas siempre a la idea que el sustantivo perfección se juega limpiamente con el pronombre nosotros.
Te sentiré llegar…. 11:50 pm, abrirás la puerta, un minuto, dos respiradas, tres pasos, llegarás a la cocina, tomarás un vaso de agua, dejarás los zapatos en la sala, así como la corbata en el sofá, te desabrocharás los botones cercanos al cuello y sin mirarte se que darás un giro a tu cabeza, en señal de agotamiento, te acercarás despacio…. como siempre; he llegado a tomarle resentimiento a la palabra siempre, 11:55 pm, el futuro se convierte lentamente en presente, y te siento llegar, entras al baño, orinas, te quitas las medias, los pantalones, el interior y la camisa, te cepillas los dientes, dos escupidas en el lavamanos de mármol, te conozco tanto…
Las doce en punto, y suavemente, deslizas el edredón que me brindaba calor hasta hace poco, haces lo mismo con las sábanas, y lo primero tus pies, le sigue tu torso, finalmente tu cabeza hace contacto con la almohada, tu mano poco tibia, reposa en una de mis nalgas, estoy de espaldas a ti, pero el roce de tus dedos en mi piel, hace que me voltee, y se cruzan cuatro ojos, un par de ellos agitados por no lograr conciliar el sueño, los míos; los tuyos, cansados, se cierran lentamente, y espero a que me des el beso de buenas noche en la frente, cual padre con su hija, y es que es esto lo que nos ha quedado, besos tibios, miradas entrecortadas, unos toques ligeros y tu a dormir, yo a mirar al techo, pensando que demonios estoy haciendo con mi vida, donde la palabra desperdicio hace eco y se repite sin que yo lo quiera.
Son las 12:05 am, esperaba que ya estuvieras dormido, primer ronquido, pero hoy hay un salto a la norma, como siempre desnudos los dos, pero en lugar de los centímetros de separación pertinentes, siento tu pierna envolviéndose con la mía, siento tus dedos, que recorren mi vientre, mi pecho, mi cuello, mis labios, ahora es tu boca, tu aliento que va dejando huella, por cada instante de mi cuerpo antes recorrido, y respondo a tus caricias, y te das y me doy a ti, y te siento encima de mi, y tu ser penetrante, insistente, va marcando arrítmicamente el paso de tu cuerpo dentro del mío, comenzamos a sudar, a agitarnos, somos lo que no éramos, estás recorriendo un camino que hacia tiempo no recorrías… 02:10 am, continuamos en la entrega, son incontables las veces que hemos hecho y desecho las sábanas esta noche, hoy no hay cansancio, hoy estás llenando todos mis laberintos de deseos perdidos en insomnios ganados, hoy la lucha se rinde con la palabra entrega, y nos fundimos como pocas veces, como hace tantas vueltas del injusto tiempo… ahora van tres horas más de sollozos y gemidos, de respiraciones entrecortadas, de murmullos que no se convierten en palabras.
Y llega el amanecer y tu cuerpo descansa al lado del mío, nos quedamos dormidos, y al despertar, ya no estás, te marchaste, me dejaste el vacío, como todas las mañanas, pensé que había una tregua, pero no, como especie de espejismo, nos dimos uno al otro, pero llegó el momento de romper el espejo, y darme cuenta que estás de nuevo lejos de mi.
Me levanto, tomo una ducha, agua fría, salgo rápido del baño, el clóset, lleno de mi ropa, elijo, jeans y camiseta, unos tenis, el bolso de hacer la compra. Hago la cama, como siempre, recogiste lo que habías dejado tirado en el baño, todo intacto, nadie imaginaría lo que ocurrió esa madrugada.
Salgo, compro el periódico, la fecha actual, compro unas margaritas tornasol en la floristería, tomo el carro, hoy te iré a buscar, puntual, cambiaré un poco la rutina, en celebración.
Estaciono el carro, casi no hay gente, y mientras camino un poco rápido, siento unos dedos suaves en mi espalda, me llama por mi nombre, era tu madre, me volteo y el negro de sus vestiduras, me recuerda la pesadilla de hace dos años, te trajo crisantemos, odio esas flores.
Te llora a ti Ricardo, pero es imposible que yo te llore, pues se que esta noche vendrás, a mi, como todas las noches desde hace dos años.

PD: Vale decir, que de todo lo que llevo escrito este es un de mis cuentos preferidos

En el laberinto estaba perdida

La niña se perdía dulcemente en su vida
La niña se hundió en sus sueños lejanos
…Solo buscaba encontrar la salida

Hundida en un laberinto estaba la niña, que soñaba despierta, que vivía dormida
Su mayor pecado fue ser confiada, comer de una manzana, llamada creencia
Y se arrepintió y fue destruida, pagó lo que había hecho con retazos de cristal
Mientras el mundo decía pagana, ella pensaba en lástima
Mientras el mundo la tachaba, ella sentía que no valía nada
Total, le habían dicho que no servía
Ya en el resorte en el que siempre ha vivido, ya de impulso tras hallarse en el suelo
Reconoció lo que sentía y lo expresó
Y desde entonces ha vivido entre amor y resentimiento
Entre los polos opuestos de la mente que ama
Y con las mareas altas, escucha reproches, siente el odio clavado en los ojos
Y a la luz de los días, escucha amores y siente el dulce de los labios probados
Y esa mente que juzga y que tacha, tu laberinto en el que estás sumergido
La niña no te puede pedir que salgas del mismo, no te puede pedir que olvides
Ella sabe que comete errores, está construida de la misma naturaleza que tú
Lo único que pide es que no le des estocadas en las mareas
Otra vez se siente hundida y dañada
Los reproches hacen eco en su mente,
Quisiera vivir despierta, quisiera soñar dormida
Quisiera alejarse del sabor de rabia que le dejaste impregnado
Quisiera estar a tu lado
Pero sin sufrir de a ratos, los restos del naufragio

Gotas de sal

Tras la repentina muerte de Angela, solo quedaron las flores, realmente no la conocían mucho, realmente la quisieron solo algunos de verdad, vivió lo justo, lo que estaba destinado para ella, aprendió unas cuantas cosas, sintió los golpes de la vida, a veces se preguntaba, por qué había venido al mundo, y se respondía, automáticamente "para aprender", era inteligente, era dulce, era volátil, fue la dualidad perfecta entre ingenuidad y desconfianza, vivió inmersa en una muerte respirable de a diario, donde ese mundo donde la colocaron, se le hacia distorsionado con su realidad, con sus sueños, con lo que quería realmente, donde hacia y decía, era para muchos una especie de demonio disfrazado de sonrisas y ternuras, era para muchos, demasiado inmadura para su edad, demasiado niña para algunas decisiones, con demasiadas caras no esperadas para muchas situaciones, pero así era.
La juzgaron, porque hizo, y el destino le cobró, hasta lo que no tenía que cobrarle, ajustó las cuentas por cobrar con una ganancia exagerada para el destino, haciendo desigual, lo que en matemáticas habría sido igualdad absoluta.
Y entre sueños, dejó de respirar, su corazón, una máquina algo desajustada, se paralizó y amaneció, al alba, como un cadáver hermoso, inerte, con sus ojos abiertos al mundo que no la vió, y que ahora la observaba, con un dejo de tristeza, pero con un pensar inequívoco, que la vida continuaba.
Lo que nadie vió en ella, era que su ingeniudad fue real, y que sus ojos denotaban la verdad de su padecer, y que a cada grito le seguía un "no quiero seguir sufriendo más", buscó la felicidad, pero fue el tesoro que en esta vida no se le concedió, tras muchas sonrisas, por mantener un equilibrio aparente, se escondía mucho de dolor, que a veces se dejaba colar en su rostro, colocándole una línea de unos cuantos centímetros en lugar de labios, y unos párpados, en lugar de retinas, y tras las mareas de desilusiones, miraba al cielo, y se daba cuenta, que aún sin quererlo, el cielo le concedía la verdad de su sentir, si estaba a veces alegre, salía el sol radiante, si el mundo le daba la espalda, el sol era tan intenso, que a veces quemaba.
Y en sus épocas de tristeza a cuestas, sin que nadie lo supiera, las lágrimas que ya nadie veía, el cielo las traducía en lluvia, el ciclo de la naturaleza, lo aprendió a controlar, y así, en épocas inesperadas, caía una lluvia repentina, con rayos y truenos ensordecedores, bastaba que no se sintiera bien, para que las nubes hicieran acto de presencia en cualquier lugar donde se encontrara.
Y llegó el gran problema cuando su corazón se paralizó, porque el cielo se tornó de gamas blancas y grises y ni llovía ni hacia sol tampoco, se detuvo todo, hasta que llegó a mi.

- Bienvenida, cumpliste tu misión en la tierra, así no entendieras por qué no quise que fueras feliz, tu nombre te lo puse yo pequeña, quise que entendieras con el mismo, que eres un ángel y que te dedicas a cumplir los deseos de los demás, eres protectora de quienes de verdad te han necesitado, y el día que decidiste darle una cara al mundo, que no reflejaba lo que en verdad sentías, decidí que el cielo, expresara tus alegrías y tus penas, aquí conmigo, sentirás por ti, y expresarás lo que de verdad está en tu mente y tu corazón.

- Y debo creer que todo eso es cierto, y que estoy muerta?

- Nadie te creyó cuando decías que querías hacer felices a los demás y estaba allí la clave para que también lo fueras, aunque no lo veas, una que otra persona si te escuchó, te hice humana, por eso tus defectos, por eso tus errores, pero tu corazón, no quise contaminarlo con el mundo que yo mismo diseñé, fuiste mis ojos nublados y mis visiones radiantes, por un tiempo, sin embargo, decidí que aquí estarás mejor, no cambiaré el mundo solo para ti mi ángel, concluí tu vida, una vez que sentiste todo lo que pueden sentir quienes te rodeaban.

- O sea, que hice y deshice y ya, cuando se logró el equilbrio, llegué aquí? y que clase de estupidez es ésta, o en que maldito juego me metiste? nadie, nadie te lo pidió, mucho menos yo, y si soy un ángel, por qué sigo maldiciendo y teniendo el mismo carácter que tenía cuando estaba viva?

- La realidad que pinté a los vivos, no son cuadros hermosos de querubines, esos no son los ángeles de verdad, eres un ángel, y aquí decidirás a quien quieres hacer feliz, tomarás tus decisiones, solo girarás tus dedos, y tu poder será únicamente hacer feliz, eres noble, por que así quise hacerte

- Y qué obtendré yo? estoy obstinada de buscar hacer feliz y yo no serlo sabes? me parece injusto, además que en el mundo donde estaba, o donde tu me metiste, no me creían mucho realmente

- Eso hermosa, no es ya cuestión tuya, el que te creyeran o no, era cosa de los demás, no eres dueña de la vida de nadie, y en cuanto a ser feliz, aquí si podrás serlo, lo que tu quieras para ti, te lo concedo, pero debes saber pedir Angela, debes saber desear...

Mami, mami, que bonito ese cuento, me lo cuentas de nuevo?
Claro mi corazón, tu mami, te cuenta lo que tu quieras, pero mañana, que ahora debes descansar

¿Cómo decirle a mi hija, que soy un ángel? ¿Cómo decirle, que hace cuatro años, se me paralizó el corazón y quien me hizo, me devolvió a la tierra, para conceder deseos? ¿Acaso me creerían ustedes?

Dedicado a quien le seguía una nube siempre, para muchos inexplicable
Dedicado a quien las lágrimas ya no le saben a sal

Burbujas de agua y jabón

¿Recuerdas cuando mirábamos las estrellas? ¿Recuerdas cuándo podíamos elevar la mirada más allá de nuestros sueños, de nuestras ilusiones? ¿Recuerdas cuando juramos que lo lograríamos?
Y lo que me queda es recordarte, ese verbo conjugado de mil y una forma, hasta enloquecerme, porque ya no me queda nada, solo horas, minutos y segundos, pero ni siquiera la extensión de un día completo, por eso escribo, en tu nombre, por lo que un día íbamos a ser, por ese futuro tantas veces soñado y que ahora, al menos en esta vida, se convierte en imposible.
Teníamos, a ver, diez tú, yo, unos siete, y como nos divertíamos, las tardes en la playa, el sol, el mar, la arena, se conjugaban nuestros sentidos y nos dedicábamos a jugar, era todo tan simple, allí hicimos nuestro pacto de hermanos de sangre, juramos que pasara lo que pasara, siempre estaríamos allí, el uno para el otro, inseparables.
Nuestro primer cigarro juntos, una bocanada exhalada acompañada de un mareo, y unas risas traviesas, por la pillada de nuestra adolescencia rebelde; la escapada a la montaña, cuando con dos latas de conserva, un poco de pan y mucho de aventura, aguantamos unos tres días y al retorno la paliza del siglo y el castigo esperado.
Vaya que éramos felices y más que eso, libres.
Pasaron unos años, tu periodista, yo, profesor, tú con Lucía, esa pecosa cantarina con cuerpo de sirena, que hacia estremecerte y según tú, lo hacía hasta dejarte exhausto, yo con Julia, su hermana menor, la morena, profesora de niños y con una especie de doble vida, porque quien la viera con su cara aniñada y su cuerpo adolescente, jamás imaginaria que en la cama era una fiera insaciable.
El fútbol los sábados, la parrilla los domingos, y siempre los mejores amigos, nuestra vida, si bien sencilla, era feliz, lo teníamos todo, hicimos nuestras locuras de juventud y ahora recién casados, con un futuro, pensando en un mañana.
Hasta aquí lo común, vivíamos no con lujos, pero si con una vida que dentro de lo que se ve, era normal, hasta ese maldito día, en que todo cambio de color.
¿Cómo imaginarlo? Y claro, ¿Cómo no luchar?
Recuerdo cuando Julia con su voz tierna me dijo asustada que las clases las habían suspendido y que iría al día siguiente a ayudar a otros profesores, por la nueva revuelta, mis alumnos ya estaban de vacaciones, así que me ofrecí a buscarla después de las clases.
Eran exactamente las dos de la tarde, cuando comenzó todo, parecía mentira, llegué a buscarla y unos guardias me informaron que no podía pasar, que el colegio estaba tomado, siguieron gritos, súplicas, y ese maldito ruido seco, eran disparos y más disparos, hasta que las caras silentes de la supuesta autoridad, salía embestida de armas y derechos, cuando se fueron, entré a buscar a Julia, a mi esposa, al amor de mi vida, y lo que encontré fue su cuerpo inerte, con una sonrisa en los labios y su rostro aún humedecido, en sus manos, unos panfletos, por la libertad, por los pobres de nuestra ciudad, por la lucha contra ese gobierno impuesto, y el que consideraba hasta aquel momento, como un vecino más, que no jodía, que estaba pero no me pisaba, y me pisó, me sentía vacío y si hay algo que siempre me hizo luchar, fueron las injusticias.
Allí te busqué, tenía las manos aún ensangrentadas, y mi rostro compungido de dolor, se desfiguraba, me dijiste tranquilo, que sabías en que estaba Julia y la misma Lucía, que la noche anterior había sido secuestrada y que hasta el momento no tenías noticias de ella.
Ese día nuestras vidas cambiaron, nos enteramos que Lucía había sido violada y torturada para que confesara tu paradero, ¿Quién me diría que el periódico para el cual trabajabas era clandestino y lo que se suponía eran notas dominicales de cultura, tenían un doble mensaje dirigido a tus compañeros de lucha ubicados en el interior del país?
Nadie era tan ajeno a esa realidad que tenía a menos de un metro y no observaba, para mi, la vida era la tranquilidad de un buen cigarro después de comer, era el periódico con tus notas culturales que aplaudía siempre que nos veíamos, pero muy lejos de pensar que lo que consideraba externo, influyera en mi esposa, mi cuñada y en ti, me sentí atrapado, me sentía como quien despierta de un sueño maravilloso y cae en cuenta que era eso, un sueño y que la cruda realidad estaba golpeando mi cara sin esperar que lo hiciera.
Nos fuimos con tus compañeros, quienes nos alojaron en esa casa modesta, y desde allí emprendimos una lucha silente, pero con fuerza, éramos una gota minúscula pero que de tanto golpear terminaría carcomiendo la roca sobre la cual caía.
Dos años de guerrilleros, aprendí a usar un fusil, aprendí a no llorar, aprendí de oficios hasta ese entonces inimaginados, y enseñé, esa era mi vocación, pero enseñé a luchar por la libertad, a buscar de cierto modo, que quienes me quitaron a mi Julia pagaran lo que habían hecho.
Era un muerto en vida, y la misma, si bien en un principio había perdido el sentido, ver a tantos inocentes ser torturados me daba ánimos para seguir luchando, como lo hice.
Malo fue el día que mataron mis sueños, pero peor el día que nos encontraron y con una bala certera te quitaron la vida, a ti, el periodista insigne, el luchador, por una razón tan estúpida como el poder y las ansias de arrasar con todo por una ideología que al final de cuentas carecía de sentido común ¿Pero qué es el sentido, sino una cruel relatividad, como todo desde que uno empieza a respirar?
Y a mi, me encarcelaron, a mi, me dieron una celda dos por dos, sin ventana, sin cama, sin estrellas, sin playa, a mi, me dejaron la resaca.
Pedí un cigarrillo, una libreta y un bolígrafo, sin curas, porque no creo en religiones baratas, y aquí dejo escrito, y en las paredes de esta celda, este día de otoño, donde afuera me imagino que caen las hojas, como han caído y seguirán cayendo quienes creen en sus propios ideales.
Pensé que lograría algo, y me imagino que si, que al final, se logrará algo, que aunque mis sueños hayan sido truncados, mi país finalmente salga del atolladero donde lo metieron sin pedirlo.

- Manuel Torres, quítese la ropa, acompáñenos.

A las afueras de esa fortaleza se escuchó el ruido de la metralla, ese día correspondía el fusilamiento de los últimos luchadores contra el imperio, habían caido ya, los últimos desertores.
Dos militares, entraron a la celda de Manuel, uno de ellos guardó los escritos de uno de los últimos conspiradores y se la confió a sus hijos, para que aprendieran lo que ocurría a quienes luchaban por ideales absurdos.
Ahora si, sería definitivamente una bandera sin estrellas.

Diez... Once...Doce...Trece

Una vez más, huía de su pasado, pero éste, con voluntad propia volvía y se repetía, cuantas veces no había pedido borrarlo todo, empezar de nuevo; la palabra comenzar hacía eco en el re, una y otra vez, ya se estaba habituando al laberinto sin salida, un círculo, donde cada paso que daba la devolvía al inicio nuevamente.
- Pasaporte, por favor
- Tome

Su bolso tenía diez pasaportes diferentes, con diez rostros distintos a los que pertenecían diez nombres y apellidos que hallaba en libros antiguos.
Este era el número once, perteneciente a María del Rosario Cruz, Cabello: Castaño, Color de Ojos: Azules, Contextura: Delgada, Color de piel: Blanca ¿Qué le faltaba a esa descripción? Uñas afiladas color café, mirada dramática con un toque de ojeras, mucho de cansancio y cero maquillaje, traje sastre a la medida y sandalias a juego con el bolso de marca.
- Me puede mostrar su boleto?
- Si, como no, tome
- Motivo del viaje?
Con cara muy seria – Negocios
- Bienvenida
- Gracias

Se sabía de memoria el protocolo, sus modales exquisitos producto de uno de los mejores institutos en Londres, producía en ella una actitud arrogante, despiadada, decidida, calculadora y con ese toque simbiótico de frialdad producto del clima donde había pasado parte de su niñez. Este sería su último viaje, este sí.
Era implacable, sus padres la colmaron de lujos más no de cariño, para ella la palabra ternura era asociada con una niñera cambiándole los pañales con dejadez y la palabra amor hacia énfasis en la gargantilla de diamantes que le había obsequiado su primer enamorado, el mejor partido, el socio de su padre; éste al morir le dejó toda su fortuna, así que a sus ventiocho era dueña de toda una maquinaria para hacer dinero, viuda y con un perrito de fantasía que era cuidado más por quienes trabajaban para ella que por ella misma.
¿Cómo juzgarla? Si no sabía lo que era sentir realmente y en su mente, a la palabra quiero, le seguía un aquí lo tienes.
Todo lo que pudiera comprar el dinero lo tenía y vaya que compraba cosas: vicios, caricias, atenciones, caprichos y hasta silencios.
En lo que se proponía era la mejor, su astucia abrumaba a sus competidores, tanto, que si bien la odiaban, infundía tal respeto que bajaban la cabeza y hablaban bajo cada vez que se acercaba.
Su meta, estaba por ser alcanzada, lo había conseguido, borraría los recuerdos. Se quitó la peluca, los lentes de contacto, su extensa cabellera roja y ondulada rodeó su espalda y sus hermosos ojos café daban la certeza que era un ángel subido del mismísimo infierno de donde había salido, desapareció el esmalte de uñas y deshizo la perfecta manicura para dejarlas cortas pero cuidadas.
Cortó el traje sastre en pedazos que fue desechando por el inodoro y las sandalias las destrozó de tal forma que hubieran producido un infarto al diseñador que en un momento las hizo tangibles.
Solo quedaba su cartera, la metió en la caja fuerte, llamó a la recepción pidiendo un taxi y con el pretexto que aún no le habían traído su equipaje, solicitó ropa cómoda para conocer la ciudad.
Igual, mucho lujo, demasiado.
Tomó el taxi y llegó hasta el barrio más céntrico con mucho de gente de a pie y tiendas corrientes, compró un bolso barato, unos jeans y una camiseta, dejó en el probador la ropa que el habían dado al llegar, sabía por lo que veía que esta ciudad era igual que las otras diez, el café se lo indicaba y las miradas ansiosas también.
Allí estaba, que rápido había dado con él, cada vez sus empleados hacían mejor su trabajo, ni sabían el por qué buscar con tanto énfasis a esos once treintañeros exitosos, egresados todos del mismo instituto en Londres.
- Muñequita, te ayudo a encender el cigarrillo?
- Por favor
- No eres de aquí, correcto?
- Pues no, tu tampoco por lo que veo
- No, viví en Londres un tiempo, luego Canadá, y ahora aquí… Y tú?
- Yo? Vengo de vacaciones, era un sueño de toda la vida, ahorré mucho y aquí me encuentro, quiero divertirme
- Me parece muy bien, te invito a que conozcas la ciudad conmigo
- Acepto gustosa

Pasearon, disfrutaron una exquisita comida y ya tras unas cuantas copas, se encontraban hablando en el carro de él, frente a un hermoso mirador

- La verdad no lo creerás, pero siento como si te conociera, ya se que parece un cliché pero así es
- Te diré algo, los encuentros en la vida no son fortuitos, ocurren por algo
- Eres encantadora, pero no te engañaré, soy casado, sin embargo, quisieras pasar tus vacaciones a mi lado?
- Acepto – Otra vez aceptaba, haciendo énfasis en la a, sabía cada gesto de su cara, ya había pronunciado antes esa palabra
- Alguna vez jugaste a la ruleta rusa?
- ¿Cómo?
- Eso, si alguna vez jugaste a la ruleta rusa
- No, jamás
- O sea, que no sabes jugarla
- No
- Me parece que mientes
- No se de que me hablas
- Se que estás armado y será una competencia justa, vacía el arma, deja una sola bala y comencemos a jugar
- Estás loca…
- Hazlo por favor, sintamos un poco de adrenalina
- Este juego es riesgoso
- Lo sé, créeme que lo sé
- Recuerdas a Charles, Marcos, Paul? Te suenan esos nombres? Y más aún, recuerdas a Susie, la rubia? A que se te hacen conocidos, por qué te pones pálido? Ahora dime que no jugaste a la ruleta rusa hace trece años exactamente, y te diré que mientes y jugaron ustedes once, después de violarnos a Susie y a mi, ella se llevó el tiro certero, yo me llevé sus rostros, ahora mi rostro si lo reconoces, o aún no?
- Qué, quieres matarme acaso?
- No, solo venía a informarte algo, por eso estoy aquí, marca a tu casa, en estos momentos, te aseguro que te responderán

Sonó el teléfono, unas voces y su mirada fría, esa escena se repetía ante sus ojos sin sorpresa, él, salió del carro y se lanzó al vacío.
Su sonrisa cínica y su sabor de triunfo la llevó a caminar varias cuadras, de pronto la vida había perdido sentido.
A la mañana siguiente, fueron trece nombres sin vida los egresados de la promoción LXXXIII del instituto más elitesco de una ciudad sombría.

Sueños convertidos

Siempre soñé con convertirme en un ser invisible cuando lo deseara.

Cada cumpleaños desde que tengo memoria deseé eso, “a quien me escuche, quiero ser invisible”, pensaba con fuerza, cuando me acostaba a dormir, cuando me levantaba, “quiero ser invisible, quiero ser invisible”, parecía absurdo, hasta tonto, ser invisible no me permitiría ser más querida por quienes me rodeaban, ni tener más salud, solo me permitiría ver y quizás sentir sin ser vista por los demás.
Un día a mis veintidós recién cumplidos, me levanté, fui al baño, oriné y al verme al espejo no me veía, pensé que había sido la juerga de la madrugada anterior, o esa pastilla que me había dado a probar mi mejor amiga, me dije “menudos efectos”, porque entrecerré los ojos y aparecía mi imagen difusa en el reflejo, y suspiré entrecortadamente ya que esa visión intermitente producía en mi mente la seguridad que ese año tampoco se hacía realidad eso que tanto anhelaba.
El desayuno, a medio vestir, un poco de jugo de naranja y un cambur para el potasio, terminé de arreglarme y ya con mi bolso en el hombro, sentí que mamá debía estar molesta porque ni me había saludado, me prometí que saldría un poco menos de ahora en adelante, y esta noche su dulce favorito y un beso en la mejilla, para atenuar un poco su enojo.

- Imbécil, mira por donde pasas, no ves que está el semáforo en rojo? Que no te enteras, esto no es carretera idiota.... pero bueno, esta ciudad cada vez está peor

Como siempre en la oficina, ya ni era práctica el oficial “buenos días”, y la de limpieza no estaba, para que me dijera quien entraría nuevo esta semana, mi compañera de trabajo era mi PC con música incorporada, por lo que realmente no era necesario hablar mucho.

A eso de las tres, bajé y le pedí al de la cafetería, lo de siempre, mi café bien cargado, y con su sonrisa me dijo que me veía diferente, si, lo confieso, suspiré de alivio, porque al no verme mi mamá, ni el del carro, ni nadie en la oficina, por unas horas pensé que era realmente invisible, y me sonreí medio aliviada, pero igual con pesar, subí, otra vez la rutina, de nuevo, la computadora por dos horas y media más, ya pronto terminaría el día de hoy, tenía un ligero dolor de cabeza, en mi mente de nuevo rondaba esa idea, “quiero ser invisible” y ya empezaban a teclear mis dedos, si fuera invisible, la primera noche, me montaría en un taxi, iría a un hotel cinco estrellas y me alojaría en la mejor suite del hotel que estuviera desocupada, un baño de espumas, tele en volumen bajo, sin luz, tomaría hasta embriagarme y dormiría hasta que saliera el sol, saldría, otro taxi, el que escuchara que fuera al aeropuerto, y allí mi poder de ser invisible permitiría que pasara inadvertida por los detectores de metales ni las cámaras, el primer país que visitaría, Argentina, vería tangos, comería alfajores, tomaría mate, de regreso a la ciudad, una noche de ensueños en la mejor tienda, me probaría trajes, bailaría sola, y me haría visible cuando lo deseara, así que por soledad, no me sentiría mal, de día, con la gente, normal, y de noche mis “escapadas invisibles”, así conocería tantas cosas, aprendería tantas culturas, sería como una especie de Gran Hermano, que vería lo que se le antojara, sin ser vista, maravilloso, y me sonreía, y cuando me percataba, 12 líneas de deseos invisibles, tecleados sin pensar frente a mis ojos.

Y allí pasó él, guapísimo, solo ví su cara, pero fue suficiente para enamorarme, quién sería?, dejé de un lado mis sueños y sentí su aroma, único, dejó una estela por toda la oficina.
Siempre llegaba a la misma hora, y siempre veía su rostro y olía su perfume, sabía que había llegado del extranjero y sería asesor comercial del Gerente de Finanzas, era excelente, porque estábamos en el mismo departamento, así que algún día lo conocería, me enamoré a primera vista, averigüé que era soltero y sin compromiso, y, aunque procuraba captar su atención, nada, habían pasado dos semanas, dos notitas con el mensajero, dos invitaciones al café de la esquina y hasta unos lápices y nada, absolutamente nada, ninguna respuesta.

Me dije, que no era posible que ni siquiera por amabilidad respondiera a mis mensajes o se intrigaría por lo que dejaba en secreto en su escritorio antes que llegara, así que después de tres días más, me armé de valor y me dirijí a su oficina, toqué la puerta, y su voz era hermosa también, el “adelante” en tono fresco y masculino hizo que pensara bien si quería dar la cara, pero sí, ya había dado los primeros pasos, así que bien podría sentarme a hablar con él.

Tres pasos más, delante de su escritorio, nunca había visto un teclado así, y con ese monitor tan extraño, el estaba de espaldas a mi, hablando por teléfono, me dije, Dios, que hermosa vista, esta oficina es espectacular, tal cual como el hombre de mi vida, y frente a mi…

Se volteó y me quedé de piedra, atónita

- Tu aroma de flores, me indica que eres una chica muy dulce, toma asiento si gustas

Menos mal que no podía ver las lágrimas rodando por mis mejillas, mi sueño se había convertido en realidad…

Trozos de alma

Que equivocada estás niña, creías que sería tan sencillo y no, pequeña tonta, te sentías dueña y ama de todo, pensabas que no te encontraría, y míranos ahora cara a cara de nuevo, como la primera vez, como la segunda, la tercera, como tantas veces no contadas, que se vuelven incontables por ser tantas, eso si, ten por seguro algo, esta será, la última, ya encontré una solución a mi problema.

Es niña, hermosa, delicada, pequeña, cómo la llamará?
Cloe

Te hicieron en un amanecer lluvioso, de un día triste de primavera, con las gotas de rocío cayendo entre las flores del jardín, y con el aroma de la tierra entremezclándose entre los sudores jadeantes de tus creadores, tu madre, Amanda, una chica enamorada, fiel creyente de la vida después de la muerte, con esa boca suave y tersa que desprendía ese delicioso olor a fresas que cautivó a tu padre, su primo lejano que venía a pasar una temporada en la finca de tu abuelo.
Al comenzar el verano, tu progenitor se devolvió a su ciudad natal y tu madre, con el corazón marchito intentó quitarse de encima esa vida multiplicada por dos, sin aún saberlo, pensando que en la próxima tendría más suerte y se encontraría de nuevo con quien pensaba que era su alma gemela.
El dinero de tu abuelo, no pudo hacer mucho por tu madre, quien, en coma desde ese intento frustrado, te gestó siete meses y tras la cesárea, volvió en si, pero lejana del mundo que la rodeaba, y fue tu abuelo quien decidió darte ese nombre corto, deseando que igual de cortas fueran tus ideas y tus sentimientos, para evitar otro sufrimiento.
Creciste vivaz, con chispa, alegre, tu abuelo se desvivía por ti, eras su hija con veinte años menos, y con esa misma mirada, pero juguetona, siempre pensaste que tu madre te veía sin mirarte porque andaba vagando en otro mundo más emocionante que el de una finca donde los días taciturnos se hacían largos y las noches espesas pobladas de estrellas pero sin mucho de ruido, provocaban unas ansias de dejar esa vida tranquila por otra más prometedora.
A tus casi veinte, decidiste ir a estudiar al extranjero, querías ver y hacer cosas nuevas y tu abuelo con el temor de que hicieras alguna tontería si no satisfacía tu capricho te envío a una universidad en Europa, cambió tu brújula, así como tu forma de vestir y tu cabello.
El color trigo lo cambiaste por un rojo intenso, y tus pecas disfrazaste con rubores y colores encendidos para tus ojos y tu boca; desdeñaste los zapatos bajos, por tacones infinitos y los jeans anchos fueron a dar al patio trasero de la residencia donde te alojabas, ahora eran faldas cortas y pantalones ajustados los que se amoldaban exquisitamente a tu figura, que combinabas graciosamente con gabardinas y bufandas coloridas.
Tu carácter dulce como tu aliento, similar al de tu madre, nadie lo sabía, pero solo te cepillabas los dientes con el agua del grifo pues no te hacia falta la pasta de dientes para conservar tu hermosa dentadura.
Y un día nos encontramos, la primera vez, te acercaste, curiosa, preguntándome si era foráneo como tu, te respondía afirmativamente y pensaste que era sabio y sí, lo era la mayoría de las veces.
La heladería de la esquina fue nuestro punto de coincidencias sin quererlas muchas veces, allí te sentabas mirando discreta los sabores variados, pedías siempre combinados, y con una pequeña cucharita los probabas lentamente, yo me acercaba a ti, siempre con una servilleta para que limpiaras tus comisuras y así nuestras conversaciones mundanas con mucho de tu mundo lejano y según tú aburrido, con mucho de mis años a cuestas, pensabas que era más joven de mi edad real, me preguntabas que por qué siempre aparecía en tus peores momentos, y yo con una media sonrisa, y mi cigarrillo en la boca, con mi barba de tres días y mis ojos cansados te respondía que simplemente estaba allí para ti.
Tenías dos vidas Cloe, una, la que miraba al mundo y daba apariencia de diversión, de inconciencia, de locuras acumuladas y tu otro mundo, el que yo conocía, solo yo, sabía el dolor que te producía la locura de tu madre y que no querías que tu abuelo sintiera dolor por eso te habías marchado de su lado, sabía de tus llantos amargos y tus depresiones en voz baja y ahogada, sabía de tu sentido de justicia y que tu rebeldía era producida por luchar contra ese entorno asfixiante en el que te desenvolvías.

Un día me preguntaste si creía en el destino, y te dije que si, quisiste saber más y me preguntaste si el destino nos había cruzado, también respondí afirmativamente, pero no quería que supieses mucho de mi, hasta hoy, que será la última vez que estemos juntos al menos como somos, y aunque fue mi error, nada de lo que tienes te pertenece.

- Hola Cloe, hoy vainilla con pistacho, buena combinación, deja de llorar con esos ojos secos niña, estás equivocada si piensas que estás sola
- Te puedo preguntar algo? Siempre llegas a la misma hora, con la misma ropa y con esa mirada, quién eres, cómo te llamas, ya llevamos hablando más de un año y se yo más cosas de ti, que tu de mi, cómo has hecho para saber de mis cosas sin yo contártelas?
- Es algo que no entenderías, al menos no por ahora, tu madre te ama y mucho, es feliz donde está
- Cómo? Y tu qué sabes de mi madre?, ella está silente, se perdió desde que nací
- No Cloe, no se perdió, pasó a vivir otra vida, pero su corazón aún late
- Estás loco, y esperas que te crea eso? Por favor, que soy joven, no estúpida
- Cloe, dame tu mano pequeña, tres respuestas a esas interrogantes que pasan ahora por tu mente
- Aja, ahora eres adivino
- Soy el creador de almas Cloe, revestido en esta forma de caminante loco, y no, no hay muerte, hay mundos paralelos, eso sí, y si, me he equivocado algunas veces, muy pocas, si hay en lo que se equivoca mi creación, es en pensar que soy perfecto, tú, querida Cloe, no debiste nacer, y tu madre, debería estar ahora felizmente casada, no con su primo, sino con el médico que llegaría en ese verano a buscar hospedaje, pero me equivoqué en los tiempos Cloe, y permití que vieras la luz, y llevé a Amanda a otro mundo, en el que estaría hasta que pudiera ajustar las cosas, sin que se perdiera el equilibrio aparente en el que ustedes estaban envueltos
- Que locura, ja ja ja, al menos con tu historia hiciste que dejara mi tristeza momentáneamente, es que acaso hoy no has comido bien?
- No estés nerviosa Cloe, yo tu creador, te implora perdón, pero es momento de que ajuste mi error, no pediste venir al mundo, por eso procuré cruzarnos para corregir mis fallos, ahora pequeña alma, te debo devolver de donde no debiste salir
- De ser cierta esta conversación absurda estás entonces en deuda conmigo, porque así como no pedí venir al mundo, tampoco he pedido marcharme de él
- Eres producto de mi error Cloe, y debo corregirlo, lo quieras o no
- Pero no quiero, que clase de estupidez vienes a decirme charlatán?
- Ponerte nerviosa no logrará nada Cloe, empezarás a creerme, mira allí viene el camarero, llámalo y pide algo para mi
- Por favor, hola, me puedes traer un café para mi compañero
- Perdón?
- Si, mi amigo quiere un café
- Ah ya, y dónde está su amigo? desde hace un año usted se sienta aquí sola por espacio de una hora, ha probado de todos nuestros helados y sonríe al comerlos, pero, nunca he visto a nadie con usted

Palideciste y entendiste que no mentía, esa sería tu última vez en este lugar y con tu cuerpo.

- Hija, Amanda, mi amada Amanda
- Hija? Mejor hago silencio, mi abuelo cree que soy mi madre, pero como demonios llegué a la finca?
- Mi amor, despertaste del coma, debo decirte Amanda, que quedaste embarazada y que ayer diste a luz, era una niña, pero murió en el parto, pensé llamarla Cloe

Miraste al espejo y allí estaba yo, sonriéndote, serás Amanda, fue la mejor solución que encontré y no dirás nada, será una verdad que solo sabremos los dos, al final las almas las creo yo, y solo a mi me pertenecen.

El sisear del aire rompió el silencio

El sisear del aire rompió el SiLeNcIo,
reinaba lo oscuro en el bosque desierto,
no era un lugar fijo, ni de espacio, ni de tiempo,
caminaba absorto buscando un sendero,
palidecía de pronto, sentía algo nuevo

El sisear del aire rompió los SuEñOs,
estaba bailando con la princesa del cuento,
transformada en bruja me hechizó completo,
y recorrí su cuerpo desnudo, perfecto,
se convirtió en pesadilla, resultó en encierro

El sisear del aire rompió mis HuEsOs,
mi armario entero, lo dejó deshecho,
me quedé tan seco, que ni llorar puedo,
no me salen lágrimas, solo lamentos,
por lo que pudo haber sido, y al final fue incompleto

El sisear del aire rompió tus BeSoS,
tus caricias malsanas, tus dientes perfectos,
tu lengua rozando, todo al descubierto,
los recovecos tras la escoba, el polvo que está adentro
los pedazos de alma, que dejaste al viento

El sisear del aire rompió el PeNsAmIeNtO,
en el que estaba absorto, al escribir esto,
llegó despacio, me hizo un hueco,
entré despierto, sin alarmas, ni entierros,
me sumergí fugado, atado a mis propios miedos

…y solo queda, el cementerio desierto

Cuando separamos el camino...

…igual me quedaste tú

“No eS QuE tE HaYa EcHaDo De MeNoS, Es QuE Te LlEvAsTe Mi CaRtErA”…
Así tapé con algo de orgullo mi corazón que se desgarraba por dentro, cuanto dolor, creía que no lo soportaba más, estar tan juntos, vivir lo que vivimos, sentir ese amor y reducido a qué? A un absurdo y vacío NADA; a mi me habían explicado que de por si pronunciar la palabra NADA ya implicaba algo, pero en mi mundo, ahora lleno de sombras, si que significaba eso, lo hueco, el desinterés por si era de día o de noche, si había gente en la calle o no, de ahora en adelante no sería lo mismo.
Nos conocimos en invierno y vivimos de manera intensa, apasionada, con amor, nos bebimos el mundo, nos reímos de la muerte unas cuantas veces, hicimos de todo juntos, desde el amor, hasta llegar al dolor de las incomprensiones, hasta el absurdo de los celos, hasta el punto infinito que marcaban los silencios.
Se había terminado, con la certeza que no cambiaríamos, con la certeza que te amaría siempre, con mi amor por ti tantas veces cuestionado.
Una estúpida sentencia de divorcio, un papel marchito como el vaso que estrellaste contra la pared y que yo observé quieta desde una ventana; para mí, el apartamento de la playa y la camioneta, para ti, el apartamento donde tantas veces nos revolcamos y el carro deportivo “El excelente acuerdo al que llegaste” como me dijo el abogado y su mano pasándose por mi hombro en señal de “gané otro caso, soy el mejor en esto”.
Imbécil, pensaba para mis adentros, es que tanto amor puede segmentarse en un 50/50, es que tantos amaneceres juntos, tantos llantos compartidos, tantas caminatas hasta en sitios prohibidos, tantas conversaciones, podían resumirse en un ilógico materialismo de mitades perfectas?
¿Cómo llegamos a esto? Me pregunté una y mil veces después de separarnos, ¿Por qué nunca me lo dijiste? ¿Por qué nuestros silencios que fueron llenando como arena dentro de un cajón, todos los espacios hasta hacer imposible el movimiento? ¿Por qué tuve yo que descubrir tu mundo y nunca confiaste realmente en mi?
E igual te amo, pero pudo más mi rabia contenida y mis lágrimas tragadas, y mis noches de insomnios y mis sospechas fundadas.
Ya es tarde, esa fue la mejor excusa que conseguí para verte de nuevo y por última vez, mi cartera vino tinto que combina con esas deliciosas botas que tantas veces alabaste, sí, era la mejor frase que podría decirte, toqué a la puerta del ahora apartamento que te pertenece solo a ti
- Hola
- Hola, pasa
- Mira, no es que te haya echado de menos, es que te llevaste mi cartera
- Perdón?, será que tú dejaste la cartera olvidada
- Sí, bueno, eso, entre tanta confusión de cajas, en fin, mira, salió ya la sentencia, tu abogada, creo que quedó satisfecha con el acuerdo, el mío está feliz, creo que se piensa que además del maravilloso 50/50, esta noche podrá acostarse para celebrar con la cliente, pero está equivocado
- Como siempre, tú con esas verdades tan hirientes y tus palabras sin pensar… como amigos, piensa un poco las consecuencias de lo que hablas, te haces daño, son peores tus palabras que tus actos
- Lo sé, en fin, que mira, busca mi cartera, te vine a dejar unas cuantas cosas y a llevarme otras tantas
- Cómo? - me dijo mientras me traía la cartera
- Aquí está todo estipulado por escrito, con palabras meditadas, tomé tu consejo finalmente – al decirle esto, le entregué una carta
- Toma
- Gracias
- Bueno, un beso de despedida, si? Por los viejos tiempos

Y nos besamos lento, saboreando por última vez su boca y él la mía, largo como siempre, dándonos enteros
Al final tomó mi mano y me acompañó a la puerta

- Creo que esta si es la despedida y no tanto al 50 sino al 100.
- Pues si, has sido lo mejor que ha pasado por mi vida, no te olvidaré nunca
- Digo lo mismo, lo sabes

Y bajé lentamente, no podía con tanto dolor, me esperaba una vida, eso sí, iba camino del aeropuerto, lo dejaría todo atrás, ya sabía a que me dedicaría
Imagino que leería mi carta, eso ya forma parte de su historia no de la mía, pero quizás para torturarme o porque tengo la certeza que nunca volveré a amar así, a veces saco de esa cartera la copia que me llevé conmigo

Te dejo:
El apartamento de la playa
La camioneta
Nuestras peleas, nuestros celos y desconfianzas
Mis silencios
Mis palabras sin sentido
Mi incomprensión
Tu violencia, aunque jamás me tocaste ni un pelo estando furioso
Mi amor por ti, y el pedirte perdón aunque en esta vida no nos volvamos a ver

Me llevo:
Esas tardes lluviosas donde nos abrazábamos mirándonos como tontos
El placer que me hiciste sentir una y mil veces
Nuestras palabras de aliento y la admiración que sentíamos el uno por el otro, cuando años atrás solo contábamos con sueños y proyectábamos un futuro juntos
Las veces que compartimos tanto y sentimos que el mundo nos pertenecía
En fin, me llevo tu huella


Nunca lo supo, nunca se lo dije, su huella tiene ya tres años y me mira con sus dulces ojos, fue lo mejor que pudo dejarme

Siempre termina tocando a tu puerta


Siempre termina tocando a tu puerta…
La verdad

¿Quién puede ser a estas horas?
Me pregunté, tenía sueño había tenido un día agotador en la oficina y por encima veía ese vestido y me decía a mi misma, no puedo, no puedo hacerlo, debía darle la cara a lo que me ocurriría….
- Ya voyyyyyyy
Dios, que modales, pensaba, me había sacado de mi letargo eso si
Y si era un violador? O un borracho?
Bueno, me decidí por una bendita vez en mi vida y al menos miraría por la rendija a ver quien era, primero fui a buscar algo
Subí, bajé, pero, ¿Qué hacía aquí?, no podía ser, esto era una señal, donde quiera que lo pusiera, pero por qué había tocado de esa manera?
- Cristine, por fin abres, por qué tardaste tanto?
- Que te puedo decir, una serie de sucesos inesperados… aunque si vienes a tomarte un café a estas horas, aviso, se me acabó
- Qué haces con el vestido en la mano?
- Pasa, a ver, ¿Qué haces por aquí? A estas horas, tocando de esa manera la puerta, pensé que era un ladrón
- Gracias, que frío hace – me decía mientras avanzaba
El unísono “Tenemos que hablar” cortó el silencio que nos ahogaba
- Ja, ja, ja, tu primero, si tocaste de esa forma la puerta, fue por algo
- Bueno si, pero ¿Qué harías con el vestido?
- Pregunté primero, no hagas trampa – le dije con una sonrisita
- A lo que iba, mira, Marcos, puessss, sabes que me invitó a tomar unas copas y hablamos mucho… de ti, de ustedes
- Siiii, y qué pasó?
- Cristine, debo confesarte algo
- Dime, dime lo que me tengas que decir
- Mira, entre tanta copa, tantas risas, me miró, lo miré… no se como decírtelo
- Adelante, dímelo, nos conocemos desde hace mucho, pero antes que nada, gracias, me dí cuenta que puedo hacer muchas cosas, así se caiga el mundo, pero hay algo que no puedo hacer- y mientras le decía esto, comencé a desgarrar el vestido
- Eyyyyy, estás loca, por qué lo haces?
- Porque no puedo continuar con esta farsa, sería mentirme a mi misma, y no… antes de dar ese paso, prefiero decirle lo que siento

CRISTINEEEEEEEE, CRISTINEEEEE – se escuchaban los gritos en la calle

- Es Marcos, verdad?
- Si, uy Dios, vino para acá
- Marcos que haces aquí?
- Debo decirte algo… tu vestido, lo rompiste… Se lo dijiste? Viniste aquí, a contarle todo? Perdóname, perdóname Cristine, no quise hacerlo
- Hacer qué? – Y los miré a los dos con asombro – Hacer qué? A ver, hablen, alguno de los dos, pasó algo que no sepa?
- No le dijiste?
- Estaba en eso, pero Marcos, primero siéntate y escúchala
- Qué?
- Mira Marcos, lo siento, lo he pensado, eres un hombre maravilloso, pero no puedo casarme contigo, te tengo cariño, pero no te amo y no quiero cometer un error, haciéndote y haciéndome infeliz, por eso rompí el vestido, lo lamento, pero no hay boda
- Cómo?
- Lo que escuchaste
- Hay otro? Me engañaste?
- No, por favor, simplemente, no te amo y continuar sería un error para ambos
- No lo dirás por lo que te dijo?
- No me ha dicho nada, me lo iba a contar, cuando empezaste a gritar
- Cristine mira…
- Si, a ver, que hicieron
- Todo
- Cómo todo? Marcos????

Y se miraron a los ojos

-Ya no lo podemos ocultar más, hicimos el amor, nos miramos a los ojos y entendimos que éramos el uno para el otro
- Qué???? Es una broma verdad?
- Pues no Cristi, pensé que por eso habías roto el vestido

Los observé, no lo creía, en parte me alegré porque serían felices, pero igual, ha sido la noche de mayores verdades de mi vida, y pues eso…
- Nunca te lo había contado verdad?

- No mi amor, desde que te conocí en aquel café… siempre había visto esa foto de tu estante, pero no la había observado con detenimiento, estabas lindísima ese día
- Sí, estaba feliz, era libre e imagínate el día que se comprometieron Marcos y Roberto; para alguien normal, le hubiera enloquecido que su novio y su mejor amigo y padrino de una boda que ocurriría en una semana se amaran, pero sabes? No lo amaba, esperaba encontrar el amor algún día, por eso, igual mi boda estaba cancelada… aprendí que las verdades al final, siempre tocan a tu puerta

No todo equilátero es perfecto


Amor y deseo son dos cosas diferentes; que no todo lo que se ama se desea, ni todo lo que se desea se ama.
CERVANTES

- Por una vez en tu vida, sé egoísta y piensa que quieres para el resto de tu vida – le decía ella mientras no dejaba de llorar
- Luna, sabes bien que no puedo dejarla ahora, no te has puesto a pensar que tu actitud puede hasta ser infantil?
- Infantil? Infantil que quiera que te quedes conmigo???? Es acaso un juego de niños lo nuestro?
- No, claro que no, pero ahora NO puedo… has pensado en lo que sufrirá?
- Ha pensado ella en ti? NO
Te ama acaso como yo? NO
Te ha dado tanto en tan poco tiempo? NO
Y así infinidad de “NO” pueden llenar esta discusión
- Lo sé
- Ok David, tu no la dejas y le digo yo todo
- Luna, no me amenaces
- Es que estoy HARTA de ser la segunda, OBSTINADA que todo tenga que ser a escondidas, yo no digo que sea mala, NOOOO, pero nunca, NUNCA te dará lo que yo te daré
- En eso estoy claro
- Esa noche, esa fiesta, mis 18 recién cumplidos, por fin podría ser tuya, sin tener impedimento de mi edad, recuerdas como te besé de repente?
- Sí, cómo olvidarlo, si me tomaste por sorpresa?
- Me amas David?
- Sí, te amo, con tu forma de ser aniñada, eres la mezcla entre una mujer lujuriosa y una Caperucita Roja, sabes lo les pasa a las niñas curiosas como tú?
- Sí que llega el lobo y se las come… pero esta vez quien comió al lobo fui yo
- Ayyy Luna, eso es lo que me enloquece de ti
- David debo decirte algo, mejor dicho, darte algo
- Y por qué vuelves a llorar?
- Mira, me marcho a tomar un café, en mi bolso del gimnasio saca lo único que hay, es para ti
- Ok
- Me voy un rato, necesito despejarme
- Por favor Luna, sabes que te amo, pero no puedo dejarla ahora
- Nos vemos luego

Luna salió con su mirada apagada a la calle, miró su reloj, 9, 8, 7… ya subió las escaleras… 6, 5, 4, entró a mi cuarto, vió el bolso… 3, 2… sacó el sobre…1 ya sabe que estoy embarazada; su cara denotaba una mezcla de alegría con pesar, pero por amor, quería tener ese niño, pasara lo que pasara, era el hombre que amaba, en eso una mano en su hombro

- Luna, hija, qué haces con esa carita?
- Mamá, hola, y tú qué haces tan pronto por aquí?
- Hija, estoy feliz, hoy les daré una gran noticia a David y a ti
- ¿Cuál? - Y la felicidad de la madre era el contraste perfecto con la cara de Luna, era como si se juntaran en un cuadro la luz y la oscuridad sin posibilidad de matices

- Hija, bueno, te lo diré a ti primero, David y yo seremos padres, tendrás un hermanito

El reloj sin agujas comenzaba una cuenta regresiva, con su manos heladas, solo alcanzó a tocar su vientre, turbada por la noticia, enmudeció contando en su mente…

9, 8, 7 … Vendrán dos niños al mundo
6, 5, 4 … Frutos ambos del amor, uno del pecado
3, 2, 1 … Seremos tres hermanos en vez de dos…