martes, 24 de junio de 2008

Angeles

Angeles dulces que vinieron del cielo,
con caras inocentes,
con buenos deseos, con muchos anhelos
Angeles tristes cuyo tiempo se acaba
con el reloj inclemente
del tiempo que pasa
con el dolor en su cuerpo
por daños no hechos
Angeles que al verlos
me produjeron tristeza
rabia y hasta desconsuelo
Angeles que se irán pronto
solo dejarán un recuerdo
una huella
en sus rincones cercanos
un sabor amargo
un mar de tinieblas
en medio del letargo
Angeles que al pensar en ellos
me hacen reflexionar
más allá de mi mirar
Angeles que regresarán de donde vinieron
que dejaron una enseñanza
un creer en quien los mandó
un agradecimiento por lo bueno
una sonrisa por su fortaleza
una lucha por abrazar la vida
por no temer a la tristeza
Angeles que me reconcilian con mi fe
más allá de quien rodó por mis mejillas
agradecimiento por lo que tengo
esperanza en el futuro
sentimientos taciturnos
felicidad expuesta
ilusiones por quienes quedan
Y a estos ángeles sin tiempo
con más de sueños y menos de recuerdos
con miradas transparentes
mi rezo va por ellos,
porque son quienes nos cuidarán
al alba, en el amanecer

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