miércoles, 25 de junio de 2008

Construcción del futuro con tus pisadas

Esta noche a las doce en punto, te acercarás despacio, tus pasos no se notarán por la alfombra mullida que todas las noches, amortigua tus pisadas y te hace siempre pasar inadvertido, como siempre, a la misma hora, la cama está caliente, mi cuerpo reposa desde hace dos horas, no me logro quedar dormida, las luces están apagadas, me acostumbré a ello a partir de los veinte, antes era pánico lo que me embargaba al sentir la oscuridad como única compañera, pero de un tiempo para acá, se ha convertido en la mejor aliada para mis horas de insomnio.
Llegarás cansado, la costumbre se está chupando de a sorbos el verbo sorprender o esperar con ansias, anda haciendo un cruel trueque con el verbo buscar y encontrar; aunque no lo reconozcas y te hagas siempre a la idea que el sustantivo perfección se juega limpiamente con el pronombre nosotros.
Te sentiré llegar…. 11:50 pm, abrirás la puerta, un minuto, dos respiradas, tres pasos, llegarás a la cocina, tomarás un vaso de agua, dejarás los zapatos en la sala, así como la corbata en el sofá, te desabrocharás los botones cercanos al cuello y sin mirarte se que darás un giro a tu cabeza, en señal de agotamiento, te acercarás despacio…. como siempre; he llegado a tomarle resentimiento a la palabra siempre, 11:55 pm, el futuro se convierte lentamente en presente, y te siento llegar, entras al baño, orinas, te quitas las medias, los pantalones, el interior y la camisa, te cepillas los dientes, dos escupidas en el lavamanos de mármol, te conozco tanto…
Las doce en punto, y suavemente, deslizas el edredón que me brindaba calor hasta hace poco, haces lo mismo con las sábanas, y lo primero tus pies, le sigue tu torso, finalmente tu cabeza hace contacto con la almohada, tu mano poco tibia, reposa en una de mis nalgas, estoy de espaldas a ti, pero el roce de tus dedos en mi piel, hace que me voltee, y se cruzan cuatro ojos, un par de ellos agitados por no lograr conciliar el sueño, los míos; los tuyos, cansados, se cierran lentamente, y espero a que me des el beso de buenas noche en la frente, cual padre con su hija, y es que es esto lo que nos ha quedado, besos tibios, miradas entrecortadas, unos toques ligeros y tu a dormir, yo a mirar al techo, pensando que demonios estoy haciendo con mi vida, donde la palabra desperdicio hace eco y se repite sin que yo lo quiera.
Son las 12:05 am, esperaba que ya estuvieras dormido, primer ronquido, pero hoy hay un salto a la norma, como siempre desnudos los dos, pero en lugar de los centímetros de separación pertinentes, siento tu pierna envolviéndose con la mía, siento tus dedos, que recorren mi vientre, mi pecho, mi cuello, mis labios, ahora es tu boca, tu aliento que va dejando huella, por cada instante de mi cuerpo antes recorrido, y respondo a tus caricias, y te das y me doy a ti, y te siento encima de mi, y tu ser penetrante, insistente, va marcando arrítmicamente el paso de tu cuerpo dentro del mío, comenzamos a sudar, a agitarnos, somos lo que no éramos, estás recorriendo un camino que hacia tiempo no recorrías… 02:10 am, continuamos en la entrega, son incontables las veces que hemos hecho y desecho las sábanas esta noche, hoy no hay cansancio, hoy estás llenando todos mis laberintos de deseos perdidos en insomnios ganados, hoy la lucha se rinde con la palabra entrega, y nos fundimos como pocas veces, como hace tantas vueltas del injusto tiempo… ahora van tres horas más de sollozos y gemidos, de respiraciones entrecortadas, de murmullos que no se convierten en palabras.
Y llega el amanecer y tu cuerpo descansa al lado del mío, nos quedamos dormidos, y al despertar, ya no estás, te marchaste, me dejaste el vacío, como todas las mañanas, pensé que había una tregua, pero no, como especie de espejismo, nos dimos uno al otro, pero llegó el momento de romper el espejo, y darme cuenta que estás de nuevo lejos de mi.
Me levanto, tomo una ducha, agua fría, salgo rápido del baño, el clóset, lleno de mi ropa, elijo, jeans y camiseta, unos tenis, el bolso de hacer la compra. Hago la cama, como siempre, recogiste lo que habías dejado tirado en el baño, todo intacto, nadie imaginaría lo que ocurrió esa madrugada.
Salgo, compro el periódico, la fecha actual, compro unas margaritas tornasol en la floristería, tomo el carro, hoy te iré a buscar, puntual, cambiaré un poco la rutina, en celebración.
Estaciono el carro, casi no hay gente, y mientras camino un poco rápido, siento unos dedos suaves en mi espalda, me llama por mi nombre, era tu madre, me volteo y el negro de sus vestiduras, me recuerda la pesadilla de hace dos años, te trajo crisantemos, odio esas flores.
Te llora a ti Ricardo, pero es imposible que yo te llore, pues se que esta noche vendrás, a mi, como todas las noches desde hace dos años.

PD: Vale decir, que de todo lo que llevo escrito este es un de mis cuentos preferidos

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