miércoles, 25 de junio de 2008

De lo más profundo del infierno surgió una llamarada de amor


"Que el cielo exista,
aunque nuestro lugar sea el infierno"
Jorge Luis Borges
De lo más profundo del infierno, surgió una llamarada de amor, sentada, la pared en frente, blanca, como sus pensamientos, lo prefería así, no pensar, no sentir… pero sentía, cerraba los ojos, y ahí estaba él, con su mirada hermosa, esos ojos miel, ese cuerpo soñado, esa sonrisa que derretía y además de eso, su personalidad, su profesor preferido, al que más admiraba, como no haber aceptado, tomar un café con él.

Mariana, cursaba su primer año de universidad, y no le daba pena admitirlo, era virgen, y sabía que su corazón le pertenecía solo a él, ese profesor que le tenía la mente en revuelo, que la hacía desear lo que no había deseado antes, se veía en la playa, tomados de la mano, con sus miradas perdidas en ese universo de palabras no dichas, solo sintiéndose.

Ese día fue a clases lindísima, pues había quedado con él, estudiaba en la noche, pues en el día trabajaba como ayudante en una galería de arte, y si bien, no era una belleza cautivadora, a sus 19 años recién cumplidos, tenía una belleza única, de esas que atraen por su interior.

Sus miradas se cruzaron y el le rozó el hombro, ella sonreía tímidamente, fueron directo a su automóvil y el comenzó a manejar, ella, se dio cuenta que la miraba con ojos penetrantes y se percató que iban a las afueras de la ciudad, y no al café como le había prometido.

Estacionó el carro en un lugar solitario y mirándola fríamente le dijo que se bajara, ella no daba crédito a las palabras, pero se bajó, estaba asustada, la tumbó al suelo, le desgarró la ropa, le tomó fuertemente las muñecas y comenzó a penetrarla, salvajemente, le quemaba las entrañas cada vez que la embestía con más y más fuerza, sus dedos viriles dejaban huella en sus senos de primavera, le besaba la boca con un frenesí tan amargo que sus labios comenzaron a sangrar. Lo que ella se había imaginado como el cielo en la tierra, se convertía de pronto en un infierno absoluto; fue tanto el dolor que perdió el conocimiento y al despertar, el vacío, más que la soledad del lugar, la amargura, si su ropa estaba manchada, su mente aún más, sus ilusiones de niña se habían perdido, sentía odio por su pureza perdida, asco de si misma por ser tan tonta y confiada y un rencor por ese hombre al que había amado en silencio, al que había admirado, vaya vida la que le tocaría de ahora en adelante.

Ya habían pasado un par de meses desde ese día inolvidable y todo en calma, igual, ella con su calvario interno, en silencio, con sus ojos que ya no brillaban, como una flor marchita que se apagaba poco a poco, su vida había cambiado de perspectiva, y así se encontraba, maldiciéndose por recordar, una y otra vez.

Sentada, la pared en frente, blanca, como sus pensamientos, lo prefería así, no pensar, no sentir… solo habían transcurrido cinco minutos, y como remolino, todo en su mente, de nuevo….Esa voz, lejana, la hizo volver al lugar donde estaba

-Srta. Mariana?
-Si, soy yo
-Tome, el resultado es positivo, felicidades

Lentamente, tocó su vientre, y desde ese infierno evocado repetidamente, sintió algo, una razón para vivir y sentir amor puro, a pesar de todo, solo pensó, se llamará Victoria….

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