miércoles, 25 de junio de 2008

En mi vida me han llamado de muchas maneras


Me gusta amanecer en ti… ámame

Me gusta que seas parte de mi vida… ámame
En honor a Pecos Kanvas


En mi vida me han llamado de muchas maneras, debe ser porque muero con cada desafuero, con la estocada final, al último minuto y vuelvo a renacer reluciente o quizás algo húmedo dependiendo de la selección, con cada nuevo intento.
Carlos y Daniela se tocan, se acarician, ya puedo sentir el calor de sus cuerpos, la humedad de sus bocas, el ardor de las pieles que se entrelazan con cada caricia alentada por lo que tomaron hace poco. Animados, excitados, sudan, se rozan, se arañan, la piel se eriza, los vellos se levantan, las pupilas se dilatan, y comienza un musical jadeo, una sinfonía primorosa de respiraciones elevadas, entrecortadas, ahogadas, labios pronuncian palabras inentendibles, solo las saben ellos, en ese lenguaje único de una pareja en el momento en que se encuentran. Van rápido, no hay tiempo para medias tintas, no hay momento para parar, se apresuran, ya la ropa está fuera, ya las ganas están dentro, hay más lluvia de saliva dulce, entremezclada con ese sabor de la piel de perfectos desconocidos en perfecta sintonía aunque sea por un par de horas.
Ya siento a Carlos, vaya muchacho, estamos unidos; Daniela, con su piel tan húmeda y caliente, ella por fuera, él por dentro, yo en medio, me muevo con ambos, me excito con esos fluidos entremezclados, con ese entrar y salir, puedo verlos como ellos no lo hacen; los latidos de él, la furia intempestiva de su embestida, una y otra vez, a la par de las contracciones insinuantes de ella. Sí, lo dicho, una sinfonía de más de cinco sentidos, van a morir ahogados, van a estallar juntos, ya el ritmo cardíaco llegó al tope, llegaron juntos, murieron un rato, volvieron a nacer, están calmados, quizás no se vuelvan a ver.
Morí yo, eso sí, Carlos, como Marcos, como Pedro, como Ricardo, como cualquiera, se levantó al baño y me echó a la papelera.
Cumplí mi cometido… Algunas veces no lo he hecho y para los verdaderos protagonistas he generado vida, he generado muerte.
Soy un mal necesario, para una práctica básica, exxxquisita, sin consecuencias.
Me han llamado globito, me han usado hasta como decorativo en fiestas no tan infantiles.
Sea quien sea, condón, preservativo, gorrito, protector o casco… ÚSAME, siempre hay un día después de mañana.

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