miércoles, 25 de junio de 2008

Sueños convertidos

Siempre soñé con convertirme en un ser invisible cuando lo deseara.

Cada cumpleaños desde que tengo memoria deseé eso, “a quien me escuche, quiero ser invisible”, pensaba con fuerza, cuando me acostaba a dormir, cuando me levantaba, “quiero ser invisible, quiero ser invisible”, parecía absurdo, hasta tonto, ser invisible no me permitiría ser más querida por quienes me rodeaban, ni tener más salud, solo me permitiría ver y quizás sentir sin ser vista por los demás.
Un día a mis veintidós recién cumplidos, me levanté, fui al baño, oriné y al verme al espejo no me veía, pensé que había sido la juerga de la madrugada anterior, o esa pastilla que me había dado a probar mi mejor amiga, me dije “menudos efectos”, porque entrecerré los ojos y aparecía mi imagen difusa en el reflejo, y suspiré entrecortadamente ya que esa visión intermitente producía en mi mente la seguridad que ese año tampoco se hacía realidad eso que tanto anhelaba.
El desayuno, a medio vestir, un poco de jugo de naranja y un cambur para el potasio, terminé de arreglarme y ya con mi bolso en el hombro, sentí que mamá debía estar molesta porque ni me había saludado, me prometí que saldría un poco menos de ahora en adelante, y esta noche su dulce favorito y un beso en la mejilla, para atenuar un poco su enojo.

- Imbécil, mira por donde pasas, no ves que está el semáforo en rojo? Que no te enteras, esto no es carretera idiota.... pero bueno, esta ciudad cada vez está peor

Como siempre en la oficina, ya ni era práctica el oficial “buenos días”, y la de limpieza no estaba, para que me dijera quien entraría nuevo esta semana, mi compañera de trabajo era mi PC con música incorporada, por lo que realmente no era necesario hablar mucho.

A eso de las tres, bajé y le pedí al de la cafetería, lo de siempre, mi café bien cargado, y con su sonrisa me dijo que me veía diferente, si, lo confieso, suspiré de alivio, porque al no verme mi mamá, ni el del carro, ni nadie en la oficina, por unas horas pensé que era realmente invisible, y me sonreí medio aliviada, pero igual con pesar, subí, otra vez la rutina, de nuevo, la computadora por dos horas y media más, ya pronto terminaría el día de hoy, tenía un ligero dolor de cabeza, en mi mente de nuevo rondaba esa idea, “quiero ser invisible” y ya empezaban a teclear mis dedos, si fuera invisible, la primera noche, me montaría en un taxi, iría a un hotel cinco estrellas y me alojaría en la mejor suite del hotel que estuviera desocupada, un baño de espumas, tele en volumen bajo, sin luz, tomaría hasta embriagarme y dormiría hasta que saliera el sol, saldría, otro taxi, el que escuchara que fuera al aeropuerto, y allí mi poder de ser invisible permitiría que pasara inadvertida por los detectores de metales ni las cámaras, el primer país que visitaría, Argentina, vería tangos, comería alfajores, tomaría mate, de regreso a la ciudad, una noche de ensueños en la mejor tienda, me probaría trajes, bailaría sola, y me haría visible cuando lo deseara, así que por soledad, no me sentiría mal, de día, con la gente, normal, y de noche mis “escapadas invisibles”, así conocería tantas cosas, aprendería tantas culturas, sería como una especie de Gran Hermano, que vería lo que se le antojara, sin ser vista, maravilloso, y me sonreía, y cuando me percataba, 12 líneas de deseos invisibles, tecleados sin pensar frente a mis ojos.

Y allí pasó él, guapísimo, solo ví su cara, pero fue suficiente para enamorarme, quién sería?, dejé de un lado mis sueños y sentí su aroma, único, dejó una estela por toda la oficina.
Siempre llegaba a la misma hora, y siempre veía su rostro y olía su perfume, sabía que había llegado del extranjero y sería asesor comercial del Gerente de Finanzas, era excelente, porque estábamos en el mismo departamento, así que algún día lo conocería, me enamoré a primera vista, averigüé que era soltero y sin compromiso, y, aunque procuraba captar su atención, nada, habían pasado dos semanas, dos notitas con el mensajero, dos invitaciones al café de la esquina y hasta unos lápices y nada, absolutamente nada, ninguna respuesta.

Me dije, que no era posible que ni siquiera por amabilidad respondiera a mis mensajes o se intrigaría por lo que dejaba en secreto en su escritorio antes que llegara, así que después de tres días más, me armé de valor y me dirijí a su oficina, toqué la puerta, y su voz era hermosa también, el “adelante” en tono fresco y masculino hizo que pensara bien si quería dar la cara, pero sí, ya había dado los primeros pasos, así que bien podría sentarme a hablar con él.

Tres pasos más, delante de su escritorio, nunca había visto un teclado así, y con ese monitor tan extraño, el estaba de espaldas a mi, hablando por teléfono, me dije, Dios, que hermosa vista, esta oficina es espectacular, tal cual como el hombre de mi vida, y frente a mi…

Se volteó y me quedé de piedra, atónita

- Tu aroma de flores, me indica que eres una chica muy dulce, toma asiento si gustas

Menos mal que no podía ver las lágrimas rodando por mis mejillas, mi sueño se había convertido en realidad…

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