miércoles, 25 de junio de 2008

Trozos de alma

Que equivocada estás niña, creías que sería tan sencillo y no, pequeña tonta, te sentías dueña y ama de todo, pensabas que no te encontraría, y míranos ahora cara a cara de nuevo, como la primera vez, como la segunda, la tercera, como tantas veces no contadas, que se vuelven incontables por ser tantas, eso si, ten por seguro algo, esta será, la última, ya encontré una solución a mi problema.

Es niña, hermosa, delicada, pequeña, cómo la llamará?
Cloe

Te hicieron en un amanecer lluvioso, de un día triste de primavera, con las gotas de rocío cayendo entre las flores del jardín, y con el aroma de la tierra entremezclándose entre los sudores jadeantes de tus creadores, tu madre, Amanda, una chica enamorada, fiel creyente de la vida después de la muerte, con esa boca suave y tersa que desprendía ese delicioso olor a fresas que cautivó a tu padre, su primo lejano que venía a pasar una temporada en la finca de tu abuelo.
Al comenzar el verano, tu progenitor se devolvió a su ciudad natal y tu madre, con el corazón marchito intentó quitarse de encima esa vida multiplicada por dos, sin aún saberlo, pensando que en la próxima tendría más suerte y se encontraría de nuevo con quien pensaba que era su alma gemela.
El dinero de tu abuelo, no pudo hacer mucho por tu madre, quien, en coma desde ese intento frustrado, te gestó siete meses y tras la cesárea, volvió en si, pero lejana del mundo que la rodeaba, y fue tu abuelo quien decidió darte ese nombre corto, deseando que igual de cortas fueran tus ideas y tus sentimientos, para evitar otro sufrimiento.
Creciste vivaz, con chispa, alegre, tu abuelo se desvivía por ti, eras su hija con veinte años menos, y con esa misma mirada, pero juguetona, siempre pensaste que tu madre te veía sin mirarte porque andaba vagando en otro mundo más emocionante que el de una finca donde los días taciturnos se hacían largos y las noches espesas pobladas de estrellas pero sin mucho de ruido, provocaban unas ansias de dejar esa vida tranquila por otra más prometedora.
A tus casi veinte, decidiste ir a estudiar al extranjero, querías ver y hacer cosas nuevas y tu abuelo con el temor de que hicieras alguna tontería si no satisfacía tu capricho te envío a una universidad en Europa, cambió tu brújula, así como tu forma de vestir y tu cabello.
El color trigo lo cambiaste por un rojo intenso, y tus pecas disfrazaste con rubores y colores encendidos para tus ojos y tu boca; desdeñaste los zapatos bajos, por tacones infinitos y los jeans anchos fueron a dar al patio trasero de la residencia donde te alojabas, ahora eran faldas cortas y pantalones ajustados los que se amoldaban exquisitamente a tu figura, que combinabas graciosamente con gabardinas y bufandas coloridas.
Tu carácter dulce como tu aliento, similar al de tu madre, nadie lo sabía, pero solo te cepillabas los dientes con el agua del grifo pues no te hacia falta la pasta de dientes para conservar tu hermosa dentadura.
Y un día nos encontramos, la primera vez, te acercaste, curiosa, preguntándome si era foráneo como tu, te respondía afirmativamente y pensaste que era sabio y sí, lo era la mayoría de las veces.
La heladería de la esquina fue nuestro punto de coincidencias sin quererlas muchas veces, allí te sentabas mirando discreta los sabores variados, pedías siempre combinados, y con una pequeña cucharita los probabas lentamente, yo me acercaba a ti, siempre con una servilleta para que limpiaras tus comisuras y así nuestras conversaciones mundanas con mucho de tu mundo lejano y según tú aburrido, con mucho de mis años a cuestas, pensabas que era más joven de mi edad real, me preguntabas que por qué siempre aparecía en tus peores momentos, y yo con una media sonrisa, y mi cigarrillo en la boca, con mi barba de tres días y mis ojos cansados te respondía que simplemente estaba allí para ti.
Tenías dos vidas Cloe, una, la que miraba al mundo y daba apariencia de diversión, de inconciencia, de locuras acumuladas y tu otro mundo, el que yo conocía, solo yo, sabía el dolor que te producía la locura de tu madre y que no querías que tu abuelo sintiera dolor por eso te habías marchado de su lado, sabía de tus llantos amargos y tus depresiones en voz baja y ahogada, sabía de tu sentido de justicia y que tu rebeldía era producida por luchar contra ese entorno asfixiante en el que te desenvolvías.

Un día me preguntaste si creía en el destino, y te dije que si, quisiste saber más y me preguntaste si el destino nos había cruzado, también respondí afirmativamente, pero no quería que supieses mucho de mi, hasta hoy, que será la última vez que estemos juntos al menos como somos, y aunque fue mi error, nada de lo que tienes te pertenece.

- Hola Cloe, hoy vainilla con pistacho, buena combinación, deja de llorar con esos ojos secos niña, estás equivocada si piensas que estás sola
- Te puedo preguntar algo? Siempre llegas a la misma hora, con la misma ropa y con esa mirada, quién eres, cómo te llamas, ya llevamos hablando más de un año y se yo más cosas de ti, que tu de mi, cómo has hecho para saber de mis cosas sin yo contártelas?
- Es algo que no entenderías, al menos no por ahora, tu madre te ama y mucho, es feliz donde está
- Cómo? Y tu qué sabes de mi madre?, ella está silente, se perdió desde que nací
- No Cloe, no se perdió, pasó a vivir otra vida, pero su corazón aún late
- Estás loco, y esperas que te crea eso? Por favor, que soy joven, no estúpida
- Cloe, dame tu mano pequeña, tres respuestas a esas interrogantes que pasan ahora por tu mente
- Aja, ahora eres adivino
- Soy el creador de almas Cloe, revestido en esta forma de caminante loco, y no, no hay muerte, hay mundos paralelos, eso sí, y si, me he equivocado algunas veces, muy pocas, si hay en lo que se equivoca mi creación, es en pensar que soy perfecto, tú, querida Cloe, no debiste nacer, y tu madre, debería estar ahora felizmente casada, no con su primo, sino con el médico que llegaría en ese verano a buscar hospedaje, pero me equivoqué en los tiempos Cloe, y permití que vieras la luz, y llevé a Amanda a otro mundo, en el que estaría hasta que pudiera ajustar las cosas, sin que se perdiera el equilibrio aparente en el que ustedes estaban envueltos
- Que locura, ja ja ja, al menos con tu historia hiciste que dejara mi tristeza momentáneamente, es que acaso hoy no has comido bien?
- No estés nerviosa Cloe, yo tu creador, te implora perdón, pero es momento de que ajuste mi error, no pediste venir al mundo, por eso procuré cruzarnos para corregir mis fallos, ahora pequeña alma, te debo devolver de donde no debiste salir
- De ser cierta esta conversación absurda estás entonces en deuda conmigo, porque así como no pedí venir al mundo, tampoco he pedido marcharme de él
- Eres producto de mi error Cloe, y debo corregirlo, lo quieras o no
- Pero no quiero, que clase de estupidez vienes a decirme charlatán?
- Ponerte nerviosa no logrará nada Cloe, empezarás a creerme, mira allí viene el camarero, llámalo y pide algo para mi
- Por favor, hola, me puedes traer un café para mi compañero
- Perdón?
- Si, mi amigo quiere un café
- Ah ya, y dónde está su amigo? desde hace un año usted se sienta aquí sola por espacio de una hora, ha probado de todos nuestros helados y sonríe al comerlos, pero, nunca he visto a nadie con usted

Palideciste y entendiste que no mentía, esa sería tu última vez en este lugar y con tu cuerpo.

- Hija, Amanda, mi amada Amanda
- Hija? Mejor hago silencio, mi abuelo cree que soy mi madre, pero como demonios llegué a la finca?
- Mi amor, despertaste del coma, debo decirte Amanda, que quedaste embarazada y que ayer diste a luz, era una niña, pero murió en el parto, pensé llamarla Cloe

Miraste al espejo y allí estaba yo, sonriéndote, serás Amanda, fue la mejor solución que encontré y no dirás nada, será una verdad que solo sabremos los dos, al final las almas las creo yo, y solo a mi me pertenecen.

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