jueves, 16 de junio de 2016

360º - 09 de noviembre

Catalina pasó una semana en calma, estaba en cierre y debía emitir mil informes en su oficina y no tenía tiempo para dedicarlo a explayar sus sentimientos, fueron días de café, de miradas lejanas.
Daniel alegaba que debía repartir muchas pelis.
Planeta Sur jugaba virtualmente ajedrez en las noches, ella le preguntaba por su primo, el le insistía que tuviera cuidado, que solo jugaría con ella.
Ella hacía caso omiso, andaba con calma, como la calma que llega después de la tormenta, o justamente lo contrario, como la calma tensa, que antecede a la misma.
La paranoia, continuaba a ratos, pero, bueno, si "Quien quiera que seas", andaba suelto por los medios informáticos, Catalina esperaba que sacara buenas conclusiones de su persona.
La vida gira, o la pone a girar alguien, denominado destino, fuerza suprema o inconscientemente nuestra misma naturaleza humana, y ese giro, el de 360º, a veces nos hace encontrarnos en el mismo grado cero, tras haber recorrido los otros 360, eso que una vez desperdiciamos o no supimos valorar, es como otra oportunidad, para comenzar un nuevo giro, pero con las enseñanzas de la vuelta anterior. 
A Catalina le estaba ocurriendo justamente eso, por algo que llaman simetría, comenzaba de nuevo, y su maleta llevaba algo de pasado, mucho de recuerdo, nada de nostalgia, amén de desconfianza, el mismo género, no lo cambiaba. 
Metió la valentía, borró temporalmente la tristeza, redimensionó sus perspectivas, sin falsas creencias, de esas ya no le quedaban, sin estereotipos, pues los regaló todos, y si alguno le quedaba, lo tiró a la misma basura de desperdicios no reciclables, no llevaba el álbum de barajitas, pues las dejó volar al viento para que se hallaran ellas mismas o encontraran un nuevo álbum donde pudieran ser pegadas, no metió en su maleta, sueños, ni términos ya conocidos, no metió dulces promesas, porque la dulzura, quizás la encontrara en el angulo 90 ó 180, por ahora, su maleta estaba conjugando racionalidad y nuevas sensaciones, no dulzura.
Cargaba su maleta y no le pesaba, porque iba más ligera de peso que antes.
Cargaba su maleta de ambiciones, de crecimiento, de construcción, sin engaños, con todo más o menos claro.
Cargaba su maleta y comenzaba otra vuelta, de su parte, más dura, menos sensible, sin llegar a ser piedra, porque ya lo había sido en giros anteriores.

Lo único que pedía en este nuevo giro, como ya había aprendido a que el dolor por pérdidas era momentáneo al menos en su caso (o eso se hacía creer), es que, de dejarle una huella negativa, que fuera solo sentimental, que de esas se recuperaba rápido, pero sin menoscabo de sus actitudes físicas y mentales.
Tan de cero comenzaba, que solo pedía eso y por supuesto, con las cartas sobre la mesa como hasta ahora.
Catalina no sentía algo profundo por Daniel, apenas lo conocía, solo quería vivir sin sentir, sabía que el jamás sentiría nada mas que amistad, pero un atisbo de lástima y protección hacia él irremediablemente la inundaba.

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