sábado, 11 de junio de 2016

Un excelente oasis - 16 de octubre

Catalina tras escribir esas líneas sobre el noviazgo mas importante de su época de la universidad, estaba clara en el objetivo que perseguía: dejarle claro a Tomás que no quería nada con él. 
Dejarle claro a Daniel que estaba totalmente sola. 
Dejarle claro a todo el grupo que la soltería era lo mejor en ese preciso momento.
Premeditadamente un día antes del sábado bendito, ese que le sabía a gloria pura y dura, como todos los sábados anhelaba fervientemente salir y darle rienda suelta al baile, a uno que otro trago, conversaciones a oscuras, confesiones anónimas.
Era el día preferido de la semana. 
Levantarse tarde, desayunar despacio. Salir a dar una vuelta, almorzar algo ligero e ir a la peluquería; la chica que no llevaba la vanidad por bandera en un país de misses siliconadas, estaba tomando una seria afición a eso de los masajes, secadores y cabello en su lugar.
Luego llegaba al café, se reunían, le pedía a Daniel las últimas pelis para ver al día siguiente y nada, cuadraban la salida de la noche.
En ese entonces, Caracas no era tan peligrosa, o sí, pero la edad y las ganas de vivir sin pensar en un mañana les hacía decir y pensar que daba igual. 
Iban en metro, pasaban cerca de una funeraria y comenzaban a cantar retazos del Chivi, profanando cualquier intento vago de cultura musical (excedencia que se permitían porque dentro de lo ecléctico, tenían relativo buen gusto el resto de la semana).
Llegaron a su lugar preferido en el San Ignacio como casi todas esas noches.
Esa semana Catalina se había enterado que su ex estaba "destrozado", llorando por los rincones, cosa que le sabía a poco en ese preciso momento. Retumbaba en su mente ese "tu te crees que vas a ser el único hombre con el que me acueste en esta vida, qué equivocado estás", hacía efervescencia las veces que la dejó botada en medio de la madrugada, los gritos, el engaño.
Cuando las relaciones terminan y no en buenos términos, al principio siempre palpita en la memoria lo malo, lo que produjo la ruptura y si algo tenía la protagonista de esta historia cualquiera es que pecaba de sincera, de decir las cosas como le venían a la cabeza, al instante de sentirlas, sin filtros diplomáticos, sin pizca de hipocresía; su verborrea era su mejor y peor castigo.
Por ello en medio de dos tragos enchumbados en Coca Cola y limón, le decía a Daniel que la vida era corta y que antes muerta que caer nuevamente en las garras del amor incondicional hacia cualquiera. 
Esa noche la pasó bien, andaba con ganas de sentirse liviana, de dejar los números, la racionalidad.
Los protagonistas de ese sábado eran los mismos, pero ya sentía mayor confianza. 
Al principio de la noche una banda en vivo hizo que su melancolía aflorara con canciones que olían y sabían a despecho, antes de llorar tontamente, se levantó e invitó a Niño borracho a bailar, tres pies izquierdos no podían dar buen resultado en la pista. A tientas salieron dos merengues sin daños a terceros y tras risas y promesas de menos pisotones para la próxima, llegó la burbujeante hora del "tuki, tuki, pum, pum, pum", allí invitó a Planeta Sur (Fran), cada uno andaba por su lado y para entenderse en medio del volumen se pegaban boca y oído, tenían un jueguito donde Catalina le hacía de Cupido con su amiga Karina, a la que ambos bautizaron como "amante bandida", quién prometía irlo a ver ensayar con su banda pero no, las cosas con ella como que no prosperaban. 
A eso de las seis de la mañana, terminaban comiendo empanadas o lo que cuadrara y se despedían todos tontamente y con las cabezas hechas un torbellino.
Un sábado mas, un oasis entre los pocos que quedaban antes del punto de quiebre en noviembre.

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