miércoles, 6 de julio de 2016

Enamorado - 7 de diciembre

Catalina había tenido un martes estupendo, ese día no había hablado con ninguno de los panas de fines de semana.
Les estaba preparando los regalitos que se intercambiarían el día del Espíritu de la Navidad.
El miércoles, estaba conectada en su chat escuchando música, cuando de pronto se conectó Fran, acababa de llegar de la universidad, Catalina estaba un poco mosqueada con él, sin embargo, esa noche sin saber por qué le escribió su historia con Adriana.
Según sus palabras Adriana era una muchacha que además de estar buenísima, con los ojos ámbar mas impresionantes, era su mejor amiga... antes que ocurriera todo.
La había conocido cuando aún estaban estudiando bachillerato, iba a un colegio italiano y uno de sus amigos del colegio lo invitó "A conquistar niñas", ya que estaba "empatado" con una de ellas.
Era novia de su amigo, pero ya desde el primer día se hicieron amigos.
Vivían relativamente cerca, por lo que para muchas rumbas él la pasaba buscando.
Terminaron el bachillerato, comenzaron la universidad y estudiaban la misma carrera en la Santa María, él la llevaba muchas mañanas en su carro, tenían tal punto de confianza que un día ella se cambió la franela allí mismo frente a él.
Adriana lo quería como amigo, pero él comenzó a sentir hacia ella algo mas.
Un día lo invitó a comer pizza a su casa, otro le echó los cuentos de supuestas sesiones espiritistas que hacía la vecina. Era su paño de lágrimas cuando terminó con su amigo.
Ella iba a todas las rumbas y toques de rock con ellos. Incluso se dio unos besos con Daniel cuando recién había llegado de España.
Hasta que conoció a quien se convertiría en su esposo.
Estudiaban en la universidad, en la misma sección, un portugués machista.
Fue una boda rápida, un embarazo rápido, un niño entre los dos.
Fran dejó de saber de la vida de Adriana durante un año aproximadamente, cuando un sábado llegó a tomar café con ellos.
Había abandonado la universidad, el esposo no la dejaba salir, amenazándola con que le quitaría el niño. Llegaba siempre tarde, incluso la llegó a lastimar físicamente, la amante no se hizo esperar.
Adriana se separó de él y volvió al grupo con mas fuerza que nunca. El niño se lo cuidaban sus papás y ella comenzó a salir nuevamente.
Con el corazón dolido se dispuso a recuperar el tiempo perdido.
Primero fue Juan Pedró, se acostó con él, en el hotel Aladdin.
Catalina eso lo sabía porque Fran ya se lo había contado.
- Y POR ENCIMA ME LO CONTABA TODO A MI, TODO, QUE SE HABÍA HECHO LÁSER EN SU ENTREPIERNA, QUE SE COMPRABA TAL COSA, QUE SE MOVÍA DE TAL MANERA. Y YO COMO UN PENDEJO ENAMORADO.
Catalina lo dejaba, solo le escribía sí, para que continuara su relato.
Llegó diciembre del año anterior y Fran estaba dispuesto a decirle lo que sentía, que quería tener algo con ella, hasta le parecía simpático el niño, Adriana ya se despedía de él con esos besos que quedan a mitad de mejilla y labio.
Y él, emocionado, su cuerpo sería suyo, después de tanto tiempo.
Esa Navidad, la pasaron juntos en el Club que ambos frecuentaban, el papá de Adriana incluso lo invitó a unos whiskys. ¿Qué mas podía esperar?
Nada, la menor oportunidad, para acostarse con ella.
Era su musa, su diosa, su amiga, el era su confidente, su escucha, su pana.... pero quería ser algo más.
Pasó una semana, casi terminaba el año cuando Ramón le comenta: chamo me acosté con Adriana, Juan Pedro tenía razón, qué mujer en la cama, lo hicimos un montón de veces, Dios que hembra.
Las palabras resonaban en su cabeza, no daba crédito a lo que escuchaba. Adriana se tenía que haber acostado con él, no con Ramón.
Todo se hacía pedazos, sus ilusiones, sería la primera vez que no pagaría por sexo.
Esa madrugada se encerró en su cuarto y se bebió todo el alcohol que había en su casa, se sentía el rey de los idiotas ¿Por qué no con él? Si habían salido prácticamente todos los días, si era su confidente. Resonaba la excusa de Ramón: Y yo que iba a saber que tu querías acostarte con ella.
Maldita mujer, maldita vida.
Un vecino imbécil, porque no se le podía llamar de otra forma, puso a todo volumen: "Buen Perdedor" de Franco de Vita.
Así sería él, un Buen Perdedor.
Fue la peor navidad para Fran.
Cuando amaneció, salió sin hacer ruido para no despertar a sus papás y se fue a la plaza, borracho hasta las metras, como estaba, se sentó al lado de los mendigos, como uno más, les preguntaba ¿De qué sirve la vida? De nada mijo de nada, míranos aquí.
Al verse reflejado en ese espejo, se levantó como pudo y llegó al tarantín de empanadas mas cercano: "Deme tres con bastante picante".
Picante para el alma y el estómago.
Vomitó su estómago y su cabeza. Lloró y cuando no quedó nada mas de sí, juró que no le volvería a pasar nada similar.
Un tatuaje, el de su brazo, surgió a partir de todo lo que había pasado.
Lo que no sabía es que ese septiembre Catalina llegaría nuevamente a su vida, esa mocosa que le caía mal de adolescente, esa que se acostó con su primo, esa que después le vino con una tristeza a cuestas mas grande que la suya.
Obviamente eso no se lo escribió, ni la misma Catalina, percibía las similitudes.
Esa noche Catalina compartió el dolor con Fran, esa noche estaban del mismo lado del camino, la vida era como era.
Adriana después de tanta jornada de piernas abiertas, como decía un cantante de "las suburbias" como ellos decían, volvió con su esposo.
Catalina sin perder ápice de la historia, enseguida buscó la letra de la canción.
¿Acaso alguien seria un Buen Perdedor por su causa?

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