viernes, 8 de julio de 2016

Una confesión que no llegó - 9 de diciembre

Viernes, ese mediodía Catalina almorzaba en su oficina mientras Germán a través del chat, la hacia reír con sus cuentos sobre ingeniería mecánica, ambos amaban el libro de Baldor, solo que Cata lo había conocido en el bachillerato y Germán al comenzar la universidad.
Le mandó una fotografía donde salía con sus compañeros de clases. Como aún pensaba que Germán y Fran eran la misma persona, se preguntaba de dónde sacaría las fotos. En ellas, su amigo virtual lucía muy guapo, con cara de buena gente y una barba de varios días.
Compartían sentimientos, era un hombre sumamente sensible, Catalina sentía paz y emoción cada vez que hablaba con él ¿Por qué? porque al creer que era Fran, sentía que jugaba al doctor Jekill y Mr. Hyde.
Fran la increpaba, al rato se conectaba Germán y la consolaba, siempre o casi siempre coincidían en horas de conexión y temas de conversación.
Catalina le decía que quería conocerlo, pero Germán siempre alegaba que estaba lejos, que debería ser ella la que se animara a viajar, entre risas, se despidieron ese mediodía.
Esa noche tenía planes con sus panas, pensó que en algún momento donde el alcohol hiciera efecto, Fran le confesaría que era Germán.
En la tarde Fran y Daniel no paraban de preguntarle sobre cómo había sido su salida con el ingeniero, se dice que las mujeres son chismosas, pero este par de dos, la verdad es que cotillas era poco, parecían dos señoras de pueblo viendo por el visillo indiscreto lo que pasaba a su alrededor. Para hacerlos felices, Catalina les escribía lo que obviamente querían leer "Un desastre".
A pesar de eso les dejó claro que saldría nuevamente con él "No se conoce a una persona por una noche de discoteca... si lo sabrán ustedes dos".
En esos instantes sentía por momentos que todo volvía a ser como en los primeros meses de esa amistad entre los tres, donde se contaban todo, donde compartían esas vidas alocadas y aún por definir.
Llegó la noche y se encontraron los de siempre en el Centro Comercial cercano a sus casas, un sifón de cervezas para seis, mucha sed contenida.
Catalina no era en especial amante de la cerveza, prefería como buena niña, los tragos dulces, por lo que, como se dice en los funerales los "acompañaba en el sentimiento" pero fue a comprarse un arrocito con lumpias en los chinos del Nivel Feria.
Disfrutaban una maravillosa noche estrellada con la cruz del Avila iluminándolos, se tomaban fotos, ellos fumaban, ella les brindaba arroz.
Entre risas, Fran la retó a comerse la lumpia, con celular en mano inmortalizó su boca, sus ojos grandes mirándolo, la picardía salió a relucir.
Sin duda se divertían. Daniel con ese "cuidao' y te atragantas muchacha", Fran diciéndole que esa foto iría a parar a los curas de la universidad donde Cata recién empezaba a dar clases.
Fue una noche divertida, como ese paraguas bienvenido ante una lluvia inclemente.
Fue lo que no volvió a ser.
Daniel ser marchaba al Llano con Karina.
Fran continuaría contándole sus desastres y amoríos.
Sin saber por qué Catalina deseaba que Fran le confesara que era Germán, pero, por mas alcohol, por mas que compartían, esa confesión nunca llegaba.

2 comentarios:

  1. me ha encantado lo cristalino de tu escrito y la realidad que sale de el
    felicitaciones

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