martes, 22 de agosto de 2017

Noches de Verano

Gracias por este preámbulo a una historia que promete...

La humedad de julio en Barcelona tiene la capacidad de acortar los asaltos sexuales. Si el encuentro es, además, en una casa del Raval que ya tenía solera a primeros de siglo XX y en el que las modernidades brillan por su ausencia, las excentricidades coitales no son recomendables.   Salvo cuando M entra en juego.

El cuerpo de M exudaba lujuria. Tumbada desnuda sobre una cama de colchón de muelles tan viejo como incómodo, introducía nicotina  vía oral mediante un purito con aroma de vainilla que disfrutaba en la penumbra. Su organismo trataba de recomponerse del fiestón carnal que acababa de perpetrarle a un hombre que yacía a su lado. Alto, grande, canoso, con algo más de cuarenta y con un enorme tatuaje en forma de dragón chino que le unía los dos homóplatos. El animal, a tres colores, formaba con su silueta un símbolo de infinito ¿O era simplemente un ocho? 

M era cuidadosa con sus clientes. El whatsapp con la solicitud de cita asaltó su móvil a las 23 horas de un día agotador en la oficina. Otro más. Un trabajo ordinario y rutinario de mujer florero, luchando a brazo partido frente a los prejuicios y contra su jefe, un sesentón que quiere llevársela a la cama. M solo folla con quien quiere y con quien paga por ello. Ella decide, en cualquier caso.

Una vez, hace ya algunos años M concedió una pseudo entrevista a un periodista jovenzuelo y desvergonzado que le preguntó por las motivaciones de su doble vida después de un polvo que no pasó a la historia. Ella, después de reflexionarlo un poco solo pudo hablar de “poder”: El que sentía viendo crecer una verga ante ella al lamerla o la capacidad que tenía de hacer de los hombres, y algunas mujeres, meros juguetes con los que apaciguar sus necesidades más primarias. Adoraba tener a un hombre entre sus muslos, o explotándole las nalgas y, en contadas ocasiones, dentro de su culo. Para el cunnilingus las mejores son las mujeres, de eso no cabía duda.

Ocho, así decidió llamar a su amante de la noche, parecía dormitar mientras M desgastaba el purito. Una calada larga que le llenó los pulmones y una expiración prolongada. Un jodido placer después de acumular orgasmos. Pensó en marcharse pero lo cierto es que estaba a gusto. Hace tan solo unas pocas horas establecía el primer contacto con aquel hombre acostado a su lado y todo había fluido. El cortejo, el pago de lo acordado por PayPal y que evitaba el embarazoso momento del dinero y las ‘peticiones’: nada de maquillaje, pelo suelto, ropa interior negra, falda corta y zapatos de tacón. Lo peor, sin duda, el mugroso hostal, pero su tarifa no era barata y muchos clientes priorizaban el follar al lugar donde practicarlo. El cliente siempre tiene razón.

Los tacones al subir la estrecha escalera debieron delatar su presencia porque la puerta de la habitación 235 estaba entreabierta cuando llegó. Siguió el ritual, comprobó que llevaba los condones, los cleenex, el spray de pimienta y el móvil en el bolso, se santiguó, tomó aire y entró. De pie en medio de la pequeña habitación con un camastro, una mesilla y una puerta que debía dar paso a un cuarto de baño esperaba su pareja. Atractivo y con traje, sin corbata pero elegante. Alto y grande, con barba de un par de días o tres. Se acercó y sin preámbulos ciñó a M de la cintura y la atrajo hacía sí. M sintió la polla dura casi en el vientre debido a la diferencia de estatura, se giró y empezó a restregar sus nalgas con la pelvis del hombre. Ella mandaba, así lo especificaba el anuncio de la web de contactos.
Él, con evidentes síntomas de excitación comenzó a sobarle los pequeños pechos por encima de la blusa  con sus grandes manos y se abalanzó sobre el cuello de M lamiéndolo.  Acercó los labios a su oído y comenzó a susurrarle. En cinco segundos las bragas de M estaban empapadas, en diez enredadas en sus zapatos y a los quince segundos se rindió. Por primera vez en su vida, M se dejó hacer. “Hazme lo que quieras”, le dijo.

El sexo fue brusco, rudo y por momentos incluso violento. Nada nuevo para M en cualquier caso. Pequeños moratones en sus pechos por los mordiscos y el colorado de sus nalgas eran testigos de la pasión de su amante aunque ella también había dejado su sello con varios arañazos en la espalda de su pareja ocasional.

Otra calada larga, apurando el cigarro casi hasta la boquilla. Mientras fuma, M entra en un estado de relajación evasora, tanto que no es consciente de jugar con uno de los dedos de su mano izquierda, con los pocos y revoltosos rizos del vello púbico de Ocho.  

Llega la hora de marcharse, de escapar de los brazos (y de la verga) de aquel hombre que le ha sacado los ojos de las órbitas mientras le tomaba con fiereza por detrás.
M se incorpora, y tras apagar el purito en la pared, vuelve a fijarse en la polla de Ocho. Relajada, algo brillante por el esperma derramado y rodeada por esos rizos con los que ha estado jugando M mientras fumaba.

M quiere irse, debe irse. Incluso cuando empieza a lamerle la polla a Ocho es consciente de que no debe quedarse, no es propio de ella confraternizar, repetir en la misma noche. Ocho, ya despierto, no ayuda. Retira el pelo de la cara a M y con una de sus manos apoyada en la cabeza le marca el ritmo. M siente que sus ojos brillan mientras la verga crece dentro de su boca. Sube sus manos hacia el pecho de su amante y aunque la posición no es cómoda por el poco espacio, se afana en una mamada profunda, y rítmica a la que acompaña con un masaje agresivo por momentos y saliva para lubricar. A Ocho le va a costar correrse después del ajetreo de la noche pero a M le da igual. Adora el sabor de su rabo mezclado con el aroma a vainilla del purito. Además siempre puede colocarse encima de él y follárselo. Otra vez.

Pero no, un tirón de pelo alerta a M de la llegada del esperma que entra a borbotones en su boca provocándole una pequeña arcada. Ocho ha intentado incorporarse buscando los ojos de M y se encuentra con una sonrisa y su esencia manando de la comisura de los labios y en cascada en dirección a sus pechos. A los hombres les encanta que M se relama y recoja con su lengua los restos de esperma de los labios y que limpie la polla con un par de lametones. Una meretriz tiene que ser siempre un poco zorra de vez en cuando.

Después de acicalarse en el baño y mientras se viste delante de él, despacio, con calma y con otro purito entre los labios, M duda sobre si debe volver a ver a Ocho. Su sexo, aun latiendo de lujuria reclama más, exige más. Pronto. Pero su ‘política de empresa’, la que le ha acompañado este tiempo desaconseja más encuentros a corto o medio plazo.

-          ¿Volveré a verte? – dijo Ocho como si leyera los pensamientos de M
-          - No lo creo – dijo M tras darle una calada profunda al purito – No me gusta mezclar los negocios con el placer – añadió mientras sonreía.

Se calzó los zapatos de tacón que le alzaban hasta el metro setenta y se dispuso a marcharse no sin antes mirar, una vez más, a Ocho que permanecía tumbado en el catre, aun desnudo. Se acercó y posó sus  labios en los de él en un beso corto, tierno. Se giró y se acercó a la puerta pero, antes de abrirla se detuvo. Tras unos segundos metió las manos bajo su falda y se sacó las braguitas, se las lanzó a Ocho, se dio la vuelta y salió.

En el taxi, M comprobó que eran las 5 am.


Satisfecha y con un hambre atroz se relajó con agua bien fría en la ducha y comprobó una vez más los resultados de la batalla en su piel. En una hora saldría otra vez en dirección a la oficina, a ejercer de mujer mueble, a trabajar por un dinero que no necesitaba  y a aguantar que su jefe volviera a tocarle el culo en el ascensor. Disfrutando del desayuno, el móvil vibró y la foto de una polla tomó la pantalla con el texto “Ya te echa de menos”. 
Iba a ser difícil negarle a Ocho un segundo asalto, o unos cuantos. Mientras tuviera dinero, claro. 

Escrito por J. para darle entrada a una historia llamada Dentro Sicalipsis

Un año más... gracias

No es posible ni bueno para mis neuronas pasar por aquí una vez al año, cada vez que el calendario me recuerda que mis células han pasado por el desgaste de más de 31 millones de segundos...
Periodo intenso, durante los primeros meses bastante folclórico, si entrara en detalles, el Macondo de García Márquez quedaría opacado por las situaciones inusuales, una Tragicomedia como describiría Estopa, pero no, no es el momento y menos el lugar para describir lo grotesco.
A partir de abril comenzó la pesadilla en el purgatorio tropical, sin embargo, una vez más, ganó lo absurdo al realismo, las ansias por el premio de reina de carnaval, un plural social experimentó el terror y sus secuelas para de la noche a la mañana volver a lo mismo desdibujado, se fueron los colores para ni siquiera llegar al blanco y negro, siendo las ambivalentes marionetas del dueño de un circo macabro.
Desde el punto de vista personal se aceleraron decisiones ya tomadas, se concretaron otras tantas y en plena cuenta regresiva como un reloj que anda hacia adelante y hacia atrás, para volver a lo de antes pero de forma diferente porque la experiencia impide que nada sea igual.
Ayer arribé a lo que pronto espero sea el cuarto piso, cada vez con la certeza que lo material me sabe a menos y que todo se resume a lo que llevo en la cabeza.
Estar tan ocupada usando un lado de mi cerebro para poder argumentar el plan, ha llevado al olvido el oficio de escribir, pero siempre regreso, es inevitable.
Tantos números me han enseñado por qué  me gustan, lo exacto le da el punto estable a una vida intensamente emocional, esa montaña rusa se equilibra con fórmulas que siempre llegan al mismo puerto, y si, mi extraño trabajo (que aún necesita un título aceptable para adornar un resumen curricular) me ha servido de catarsis psicológico y hasta de terapia, los retos de cada cuatro semanas, han activado mi gusto por la investigación y el aprendizaje, había olvidado lo mucho que me gusta estudiar y podría decir que encontré el trabajo casi perfecto, lástima que tenga fecha de caducidad.
Lo cierto es que en medio de tanto, siempre has estado, todavía recuerdo cuando nos conocimos y nos seguimos conociendo, no se si algún día lo virtual se volverá real, quizás lo mejor es que este puente de ceros y unos que nos ha unido jamás se haga tangible ¿O no?
Sabes más de mi que muchos de mis amigos y conocidos reales, tanto que me sorprende la agudeza con la que la describes a ella, que lleva tanto de mi.
Gracias por el regalo, la picardia de la samba ¿Será premonitoria?
Por ahora este espacio se queda con M y Ocho.
Me has dado una sonrisa lujuriosa y las ganas de volver
Hace unas horas soplé las velas de la tarta y con emoción abrí el correo para saborear tu regalo, esta vez la ansiedad supo esperar para leerte en el momento justo...
Y para que los que aquí pasean de vez en cuando sepan que mientras dura el silencio muchas cosas pasan en paralelo, tal como lo diría mi querido Drexler: