Desde hace años tengo un búnker emocional donde refugiarme ante la metralla de la indiferencia.
El problema es que ese rincón donde alivio los pesares me engancha.
J es mi búnker emocional, quien sin saberlo me sostiene, emociona y me hace sentir de manera inverosímil bastante viva.
Lo conocí de manera fortuita por obra y gracia de los blogs en 2008, cuando el era Octavo Pasajero y yo decidí crear una novela en ese formato, la Meretriz que en medio de un mundo hostil de las finanzas decidía crear un negocio bastante particular.
En ese entonces muchos comentaban de forma intensa, creyendo quizás que el personaje era real, sin embargo O, que a la vez tenía un blog del mismo tono, me alentaba a escribir más.
De los comentarios, pasamos a los correos electrónicos y de allí a Facebook tras saber que detrás de la pantalla habían nombres, apellidos y una vida bastante distante en la realidad; hoy en día compartimos redes sociales y sabemos de nuestras vidas sin inmiscuirnos el uno con el otro.
Lo cierto es que después de tantos años, no nos conocemos en persona y al menos de mi lado sería complicado hacerlo porque no quiero que se pierda la esencia de nuestro único punto común y porque quitando ese punto no hay nada que podamos compartir.
Pero sí, debo agradecerle por ser quien me anima y me saca una sonrisa en mis peores momentos con F, el único capaz de ver que hay una mujer detrás de las múltiples facetas que debo mantener en mi vida.
En tiempos modernos diría que es una especie de Coach, de persona vitamina.
Gracias por estar, siempre y resucitar(me) del mundo de los muertos...
No es agosto, pero hoy me da la vida para reflejar mis 46 por este rincón.
Inicié el año con terapia psicológica, seis meses para aceptar hechos y situaciones, entender lo que peor llevo por la ansiedad: el aquí y el ahora.
Pensé que lo más me costaría seria hablar sobre mi pasado, fue sencillo porque el tiempo inexorable todo lo cura incluso los recuerdos que más atormentan y las situaciones complejas; me costó más expresar con palabras mi presente, aceptar mi momento vital, lo que no se puede cambiar y tratar de vivir con ello de la mejor manera posible sin sentirme frustrada.
El día que me tocó hablá sobre mi relación de pareja con F fue el más complejo, porque se me hacia un nudo en la garganta decir que la vida con mi esposo se parecía más a la convivencia con un amigo o compañero de piso que con un marido como tal: dormir en cuartos separados, sexo escaso y distancia emocional, lo que me hacía sentir mal y fíjate tú que la psicóloga le quitó bastante hierro al asunto: de acuerdo a estadísticas tras veinte años de relación, eran muchas las parejas que se encontraban en la misma situación.
Hay días que lo llevo mejor que otros, estar en la cama el día de la semana que corresponde tener un mínimo de acercamiento y que tu pareja demuestre interés cero, la pesadez del momento, que el otro lado lo vea como algo obligatorio, es digno para multiplicar la poca confianza y asumir que me muevo en un terreno bastante pantanoso donde antes era un pez en el agua.
Diferencia de frecuencia: soy de las que le gusta follar mucho siempre y cuando me busquen, mi pareja en cambio es de follar mucho menos alegando la estúpida frase que se comen muchos padres hoy en día: mejor calidad que cantidad ¿En serio?
Yo cuanto más tengo contacto físico más quiero y el problema es que he llegado a un punto donde no me conformo, llevo años haciéndolo, tratando de adaptarme al cada vez menos, cada vez igual y en una sintonía que no va conmigo.
Tengo dos caminos: aceptación (tras vivir cada cierto tiempo un duelo circular y dañino) o romper con una relación buena pero que falla solamente en ese punto, porque vamos a ver, quitando el tema sexual y reflexionando con mi terapeuta llegué a la conclusión que no tengo una relación pésima, no hay violencia, llevo una vida tranquila y libre (vamos tendrías que saber en qué laberintos me he metido para entender por qué a pesar de muchos fallos soy muy libre en comparación con la vida que llevé en el pasado).
Hace exactamente 20 años por estas mismas fechas, rompí una relación basada solamente en el sexo, no había nada en común excepto el follar y ahora me encuentro en la misma encrucijada pero al revés, una relación sólida en el tiempo donde ya no hay deseo del otro lado.
Menudos 46, con más experiencia pero menos empoderada que nunca...
Eso sí en 20 años tomé las riendas de mi vida, viajé de ida y vuelta, tuve dos hijos, me independicé, fui profesora universitaria, logré crear mi propia empresa y mantenerla a flote hasta que la situación país la hizo insostenible, logré ganar más dinero del que pensaba, me quedé en el paro, viví una pandemia, casi me muero en mi segundo embarazo del que me quedaron secuelas que aún arrastro, aprendí a vivir con ansiedad (aunque no es fácil) y ahora mismo me dedico a ser madre casi a tiempo completo, teniendo los dramas de una adolescente camino a la vida adulta y un peque que recién inicia la vida escolar.
Vamos hasta ahora siento que he vivido por lo menos dos vidas y media, aunque en el día a día a veces el tiempo corre lento.
Estoy agradecida en muchos sentidos y solo me queda aguardar a ver si logro tener 20 años más de experiencia y por donde me lleva la vida, porque a veces creemos que tomamos nosotros el timón cuando ya el guión fue escrito previamente.
Evidentemente, Amaral de fondo, no podía ser menos.
Hace 20 años fue con Días de Verano y Te Necesito.
La sensación que el tiempo va más rápido creo que es proporcional a la edad que tenemos....
Hola!!! Cuánto tiempo sin pasar por aquí, últimamente la constancia no acompaña mis escritos y es que mi vida va pisando el acelerador de manera intensa.
Cuando eres niño, o al menos a mi me pasaba, recuerdo que los veranos se me hacían tediosamente eternos y sí, era la rarita que odiaba las vacaciones y los domingos. Para mi mente descansar era sinónimo de perder el tiempo, de aburrirme.
Solo disfruté un verano en mi adolescencia y ese fue aquí en España donde literalmente me convertí en otra persona: abierta, simpática, despreocupada, irreverente.
Imagina una línea recta que de repente sufre un pico y se descontrola, así fue ese verano, para después aterrizar nuevamente en mi vida lineal, esperada, volví a ser la antipática cuyas reglas de conducta social se las pasaba por el forro.
Añoro salirme de esa línea.
No se si eso vuelva a ocurrir porque el siguiente episodio de "desorden" fue en mi veintena.
Últimamente está de moda el término "Glow Up" donde supuestamente nos vemos radiantes, espléndidas, es como un resurgir.
Yo debo estar en mi "Down Up" porque física y emocionalmente voy como si me hubiera pasado un camión por encima.
La vida y sus circunstancias a veces me supera.
Un imbécil hace poco me dijo que parecía una piltrafa... Lamentablemente no se equivoca.
Por eso cada vez que estos pensamientos me invaden (no, no es la primera vez, se han repetido mucho en esta vida ya vivida varias veces) llega a mi cabeza esta canción "Me olvidé de vivir"
Treinta años, y me prometí no venir a este lugar a recordarte.
Pero hoy te tuve tan presente, ese vacío cada 13 de junio que me hace preguntarme una y mil veces qué habría sido de mi vida si no te hubieras marchado.
Me tocó crecer sin tu voz, sin tu melancolía, sin tu imagen.
Fuiste un desconocido, físicamente pasaste por mi vida de una forma bastante fugaz, pero bastó para convertirte en irremplazable.
El suicicido es el tema tabú, el secreto a voces, como ese polvo que magistralmente se mete debajo de la alfombra para que nadie lo perciba.
Ya preguntarme(te) por qué sobra.
Recuerdo cuando estaba en la universidad y fui a casa de una compañera a estudiar, sus padres (supuestamente videntes) le dijeron que cortara la relación conmigo porque veían a un ser a mi lado y no les gustaba, y lo cierto es que en ese caso, era yo que no te dejaba ir porque te tenía demasiado presente, vivía un infierno en casa y muy en el fondo la rabia embargaba tu recuerdo, porque tu ausencia me llevó a experimentar unos años bastante oscuros, vamos que si pensaba que la forma de marcharte había sido dura, jamás habría adivinado que lo que viviría como consecuencia de tu ausencia seria mil veces peor.
Lo cierto es que la filosofía cuestiona y la religión, bueno la religión fustiga.
A mi ya de tantas teorías me da por pensar que era el destino que te tocaba y punto y que si el día de hoy tuviera el poder de cambiar el pasado pues no me atrevería a mover un solo dedo.
Pero hoy, precisamente hoy, se que has estado, que mueves tu energía para que el barco gire a mi favor, para que no pierda la esperanza, para que sepa que siempre de una forma u otra estás ahí.
Te quiero.
Eres la primera persona que quiero ver cuando muera, aunque sea un instante. Prometo no preguntar nada, ni decir nada, me bastará un simple abrazo.
Papá ya tengo casi diez años más que tú cuando te fuiste.
Sr. M se va haciendo mayor y este año empieza el cole.
Srta L. ya casi termina la ESO.
Al final no aprendí a montar bicicleta y las alturas me dan un vértigo impresionante.
Sigo con mi carácter pero soy menos feminista de lo que imaginaba.
Lamento haber dejado el diario de Ana Frank en la biblioteca.
Cada vez que voy al Corte Inglés y veo la colonia Floïd recuerdo el olor de tu cara recién afeitada.
No prometo volver el año que viene... o sí, al final, soy como dice Amaral, una veleta, solo vivo y me dejo llevar.
Estamos en plena crisis inmobiliaria - de nuevo - donde el precio de la vivienda está disparado y los tipos, buenos los tipos al alza y más si tu tipo de hipoteca se encuentra en el péndulo de la variabilidad.
Si estás alquilado eleva tus ojos al cielo y encomiéndate porque tu sueldo más los avales pertinentes probablemente no sean suficientes para una remota renovación.
Los sueldos no alcanzan. La inflación se dispara. La corrupción galopa. Y el que ocupa el trono de turno está casado con la reina de las comisiones.
Eso lo sabemos todos... lo que quizás no está claro es que muchas parejas están perpetuando el contrato matrimonial a sabiendas que ya solo queda la unión hipotecaria, más pesada quizás que los votos de amor no eterno jurados a destajo cuando la ilusión y presunción de inocencia eran la regla y no la excepción.
Pero ¿Qué pasa cuando el eco de las cuatro paredes no son los jadeos enloquecedores sino los acordes a secas de la Jurado pregonando con sabiduría que el amor se rompe de tanto usarlo?
¿Qué pasa cuando ya el ambiente se hace insoportable?
Que llega el baño de realidad de la crisis inmobiliaria...
Y es que ya se de unas cuantas parejas que aguantan en las mismas cuatro paredes, e incluso divorciándose, deben convivir bajo el mismo techo.
¿Imagináis la tortura?
A ver si mejoran los tipos.
A ver si mudarse a Marte se convierte en opción.
O repoblar la España vaciada. O compartir piso al más puro estilo Amistades Peligrosas.
El tiempo anda revuelto... y la que escribe también
Tendría unos doce años la primera vez que escuché esta canción en la 88.9 FM, terminaba de estudiar para un examen a eso de la una de la madrugada y para lograr dormir tomé el walkman, ajusté los cascos y y sentí la magia.
Mi piel se erizó y sin entender bien la letra por esas ganas inmediatas de dormir supe que era la canción mas bonita y dulce que había escuchado hasta el momento.
Siempre que la pillaba no alcanzaba a escuchar el título, ni quien la cantaba pero estaba convencida que algún día lo sabría. Pensarán menuda chalada, con buscar en Google o alguna aplicación como Shazam el resultado estaba servido.
Hace treinta años solo teníamos acceso a la música a través de la radio, los discos y los casettes por lo que se hacía un poco cuesta arriba encontrar ciertos tesoros.
Creí olvidarla, hasta que en 2005 a un loco que se hacía llamar Planeta Sur le comenté que durante mi adolescencia me había calado y nunca logré encontrar quien la cantaba o siquiera cómo se llamaba.
La magia del Internet hizo lo suyo y de repente me dijo que tenía un regalo, colocó en la conversación de msn: Eternal Flame / The Bangles... Y desde ese momento permanence tatuada a fuego en mi memoria.
De hecho diría que es una de las canciones con las que me hubiera gustado hacer el amor hace veinte años.
Hoy seria mi acompañante perfecta en una noche atolondrada de karaoke...
Jamás había ido a un Bingo,
ese mundo paralelo de luces estridentes y música salida de máquinas capaces de
enloquecer a cualquiera.
Quien ha visitado ese universo paralelo de juerga y derroche sabrá que allí las
horas transcurren distinto, da igual que fuera de día o de noche, allí imperan
los sentidos en otra dimensión.
Regalaban tequeños y whisky destemplado, así que ante tal ambiente, decidieron
jugar en el bingo; en una de las mesas Fran y Catalina, en otra el hermano de
Cata, Daniel y Jorge.
Perdieron, como era de esperarse, el Bingo lo cantaba una octogenaria de boca
roja y maquillaje espeso que se notaba a leguas tenía experiencia en la
materia.
Entre risas, Daniel quiso jugar a la ruleta, Catalina lo veía de reojo, deseaba
con todas sus fuerzas que perdiera, cuando salió el número que lo hacía
acreedor de nada, no puedo evitar reírse en su cara. Estaba achispada por esa
bebida insalubre.
- Como que hoy no es tu día
- Que perversa
- Siempre, aprendo rápido de un maestro como tú
Esa noche tenía la lengua afilada. Daniel bajó la mirada y prefirió estarse
quieto, no quería un espectáculo, solo añadió una frase que hizo que Catalina
lo desechara para siempre como futuro compañero
- ¿Y ahora qué? ¿De Concorde a Fórmula Uno? ando libre este fin de semana
- Un auto de carreras funciona a la perfección solo para aquel que sabe andarse
en la pista de carreras, a ti todavía te queda mucho camino de tierra
Le comentó a Fran que quería salir de allí, las luces, la música de las
máquinas se habían convertido en un pitido ensordecedor a la par de
insoportable, todo le daba vueltas. Quería aire puro.
Salieron en la madrugada, Catalina llenó sus pulmones de todo el aire nocturno
que pudo atrapar en ese momento.
Sí, se sentía como un Fórmula Uno, pero no quería en esos momentos un piloto
que solo la hacía pensar en estrellarse.
Al llegar a su casa, se quitó el maquillaje, se bajó de los quince centímetros
de tacones y quedaba ella, una simple mortal.
Durmió como hacía tiempo no lo hacía, tanto que se levantó a eso de las once de
la mañana del sábado. Esa noche no tenía planes de salir.
Mientras tomaba un desayuno tardío encontró una bonita sorpresa en su correo,
una nota llegaba enlazada desde su espacio:
" No sabía que este jueves conocería a una chica famosa, si hubiera sabido
lo popular que eres en Internet, te habría pedido un autógrafo.
Un placer ojos marrones,
te dejo mi dirección de correo electrónico, soy Luis, el músico".
Una sonrisa se dibujó en su rostro, se sentía relajada, como si se quitara un
enorme peso de encima.
Le escribió un correo de respuesta:
"No, no soy famosa, ni mucho menos, simplemente he vivido muchas cosas
distintas en poco tiempo, antes creo que había sido una muerta en vida, porque
en pocos meses me ha pasado tanto, lo que no había vivido en diez años por lo
menos. Y por supuesto, todo eso hace que escriba, lo que vivo, lo que mis
sentidos perciben, mis altibajos hormonales, soy compleja, pero si eso no te
asusta, doy gracias por haber ido este jueves, a veces me pregunto, si eso que
decía Einstein es cierto o no, ¿Dios no juega a los dados? la física siempre me
ha parecido compleja por no escribir complicada. No sé por qué te escribo esto,
simplemente estoy dejando que mis dedos tecleen sin pensar mucho.
¿Puedo pedirte algo amigo del azar? ¿Cómo describirías un carro Fórmula
Uno?"
Así culminaba su correo, lo envió sin pensarlo, sin releerlo.
Realmente Fórmula Uno, era un juego de palabras que se había originado gracias
al entramado con Daniel que culminó con mal sexo y una amistad que pudo ser y
no fue.
Al par de horas, Luis contestaba a su pregunta: "Es un auto bajito,
liviano, con un motor de alta potencia, pero limitado a las pistas de carrera,
si lo humanizo, te diría que es un auto con alta tecnología aplicada para
divertir, por lo tanto subutilizada, pero con un gran potencial si se aplicara
a situaciones más funcionales, que evoluciona con rapidez; se mantienen en
constante reingeniería buscando optimizar su funcionamiento, pero limitados a
las pistas, es los que veo mi linda de grandes ojos marrones.
Tu si haces preguntas
extrañas, ¿Cuándo te volveré a ver? Este jueves tocaré nuevamente, te espero
allí. Particularmente creo que algún día se probará que Dios si juega a los
dados".
Nadie habría descrito mejor, ni el mismo Daniel, lo que representaba Catalina,
cuando, un mes antes la había denominado Fórmula Uno.
Luis sin entender, ni pretender hacerlo, se limitó a contestar la pregunta de
una mujer más que enigmática.
Pocas había conocido
como ella, pocas también habrían pasado por su vida de forma más efímera que la
velocidad de la luz.