Inicié el año con terapia psicológica, seis meses para aceptar hechos y situaciones, entender lo que peor llevo por la ansiedad: el aquí y el ahora.
Pensé que lo más me costaría seria hablar sobre mi pasado, fue sencillo porque el tiempo inexorable todo lo cura incluso los recuerdos que más atormentan y las situaciones complejas; me costó más expresar con palabras mi presente, aceptar mi momento vital, lo que no se puede cambiar y tratar de vivir con ello de la mejor manera posible sin sentirme frustrada.
El día que me tocó hablá sobre mi relación de pareja con F fue el más complejo, porque se me hacia un nudo en la garganta decir que la vida con mi esposo se parecía más a la convivencia con un amigo o compañero de piso que con un marido como tal: dormir en cuartos separados, sexo escaso y distancia emocional, lo que me hacía sentir mal y fíjate tú que la psicóloga le quitó bastante hierro al asunto: de acuerdo a estadísticas tras veinte años de relación, eran muchas las parejas que se encontraban en la misma situación.
Hay días que lo llevo mejor que otros, estar en la cama el día de la semana que corresponde tener un mínimo de acercamiento y que tu pareja demuestre interés cero, la pesadez del momento, que el otro lado lo vea como algo obligatorio, es digno para multiplicar la poca confianza y asumir que me muevo en un terreno bastante pantanoso donde antes era un pez en el agua.
Diferencia de frecuencia: soy de las que le gusta follar mucho siempre y cuando me busquen, mi pareja en cambio es de follar mucho menos alegando la estúpida frase que se comen muchos padres hoy en día: mejor calidad que cantidad ¿En serio?
Yo cuanto más tengo contacto físico más quiero y el problema es que he llegado a un punto donde no me conformo, llevo años haciéndolo, tratando de adaptarme al cada vez menos, cada vez igual y en una sintonía que no va conmigo.
Tengo dos caminos: aceptación (tras vivir cada cierto tiempo un duelo circular y dañino) o romper con una relación buena pero que falla solamente en ese punto, porque vamos a ver, quitando el tema sexual y reflexionando con mi terapeuta llegué a la conclusión que no tengo una relación pésima, no hay violencia, llevo una vida tranquila y libre (vamos tendrías que saber en qué laberintos me he metido para entender por qué a pesar de muchos fallos soy muy libre en comparación con la vida que llevé en el pasado).
Hace exactamente 20 años por estas mismas fechas, rompí una relación basada solamente en el sexo, no había nada en común excepto el follar y ahora me encuentro en la misma encrucijada pero al revés, una relación sólida en el tiempo donde ya no hay deseo del otro lado.
Menudos 46, con más experiencia pero menos empoderada que nunca...
Eso sí en 20 años tomé las riendas de mi vida, viajé de ida y vuelta, tuve dos hijos, me independicé, fui profesora universitaria, logré crear mi propia empresa y mantenerla a flote hasta que la situación país la hizo insostenible, logré ganar más dinero del que pensaba, me quedé en el paro, viví una pandemia, casi me muero en mi segundo embarazo del que me quedaron secuelas que aún arrastro, aprendí a vivir con ansiedad (aunque no es fácil) y ahora mismo me dedico a ser madre casi a tiempo completo, teniendo los dramas de una adolescente camino a la vida adulta y un peque que recién inicia la vida escolar.
Vamos hasta ahora siento que he vivido por lo menos dos vidas y media, aunque en el día a día a veces el tiempo corre lento.
Estoy agradecida en muchos sentidos y solo me queda aguardar a ver si logro tener 20 años más de experiencia y por donde me lleva la vida, porque a veces creemos que tomamos nosotros el timón cuando ya el guión fue escrito previamente.
Evidentemente, Amaral de fondo, no podía ser menos.
Hace 20 años fue con Días de Verano y Te Necesito.
Hoy con el Blues de la Generación Perdida

No hay comentarios.:
Publicar un comentario